viernes, 16 de mayo de 2008

VISTO, OIDO, LEIDO

Q.P. ha recibido esta semana un bonito regalo. Se trata de una revista primorosa, elaborada por un grupo de alumnos dirigidos por el pintor y artista plástico Federico Alonso, que dirige los Talleres de Escritura y Pintura de la Escuela de Adultos de Pasaia. Está dedicada a Antonio Machado y al tema del invierno; y los versos que en ella se incluyen, reproducidos a mano, en blanco sobre negro y viceversa, tienen que ver con la canosa estación. En sus páginas se reproducen lienzos invernales, entre los que cobran especial dimensión los de Bruegel el Viejo, junto a excelentes ilustraciones de los autores que relacionamos: Luis Otermin, Frank Hurley, Kin Castells, Diether Endicher, Ladislav Sitensky, Jan Parik, Marta Cárdenas, Oldrich Zarásez e Isaac Levitan. La maquetación está a la altura de las imágenes, cuidadísima. Sólo un pero: de este nº 0 se han tirado muy escasos ejemplares. Intenten ustedes que les regalen uno; disfrutarán.
No nos resistimos a publicar uno de estos poemas:

El invierno:

La palabra invierno
huele a humo de leña
y a mandarina.

La palabra invierno
huele a eucalipto
y a jarabe para la tos.

La palabra invierno
huele a ceniza de brasero.

La palabra invierno
huele a niñez y a escuela,
a virutas de lápiz y a goma de borrar,
a pupitre y a cera,
a sudor y a lejía,
a tabaco frío del maestro
y a leche “americana”.

La palabra invierno
huele a piedra fría de iglesia
y a moho, a incienso
y a velas.
=

Con el asunto de los topónimos, parece que nunca vamos a ponernos de acuerdo. En la Ikastola y en sexto de Primaria, ahora mismo, se refieren a comunidades y ciudades españolas denominándolas así: Madril (Madrid), Palentzia (Palencia), Galizia (Galicia), Errioxa (La Rioja), Kantabria (Cantabria), Katalunia (Cataluña), Bartzelona (Barcelona), Iruñea (Pamplona), Bilbo (Bilbao), Gasteiz (Vitoria), Kanariak (Canarias), Balearrak (Baleares), Kordoba (Córdoba), Andaluzia (Andalucía), Murtzia (Murcia), Gaztela-Mantxa (Castilla-La Mancha), Aragoi (Aragón). Esto está tomado de la prensa donostiarra y lo firma A.Villaverde.

Creemos que todo ello representa un esfuerzo baldío, una exagerada euskaldunización. Igual que a los castellano-hablantes les debemos exigir que escriban Getxo, Igeldo, Mutriku, Arrasate, Hondarribi, Lleida, Girona, etc., en sus cartas, nosotros los vascos debemos comprometernos a respetar los topónimos ajenos. ¿Cómo se escribe en vascuence, o en español, Pittsburg, Massachussets, Kuusankoski o Yoknapatawpha?; ¿alguien piensa, de verdad, en los niños?

Habrá que felicitar al Real Madrid -el mejor club futbolístico del siglo XX- por ese título de la Liga que ya toca con las manitas. Y de nuevo veremos las oleadas merengues bajando por Gran Vía y Puerta de Alcalá hasta Cibeles, donde abrigarán el frágil cuello de la diosa con la bufanda blanca y violeta. Fiesta, alegría y un cierto desmadre. Pero lo que no saben los madridistas es que la diosa Cibeles, ¡ay!, es del Getafe…

Para entonces, y si la Moreneta pone su granito de arena de Montserrat, el Fútbol Club Barcelona será campeón de Europa. ¿Sí? En este caso asistiremos al espectáculo sorprendente de ver al club de un pequeño, escondido y humilde país situado entre dos muy grandes, alcanzar tamaña gesta. Lo que nos extraña es que al Barça le hayan dejado jugar durante más de un siglo en uno de estos dos países.

A Rafa Nadal hay que darle un abrazo gordo. No sólo por sus éxitos deportivos (la tierra batida parece que la inventó él), sino por su saber estar, por esa simpatía un poco brusca, un pelín brava o traviesa, pero que cae bien. Sostenemos, como Pereira, que uno de los grandes secretos de sus éxitos está en los caracoles. Como suena. Los cargols mallorquines -y más si son de Manacor- tienen una delicadeza y una suavidad inigualables. En abril y mayo salen ellos, pobrecitos, las noches húmedas en las que ha llovido y no hay luna. Se preparan con un chorrito de aceite y una hoja de perejil o de laurel; y se mojan levemente en un allioli espeso y suave, del color de la nata. Rafita, como sus paisanos de caparazón, sabe agarrarse a la tierra como nadie y, al final, les hace una higa a los contrarios como suelen los caracoles con los cuernecitos de por arriba. El día que Rafa renuncie a la dieta de caracoles bajará un poquillo su rendimiento. Pero mucho antes, él habrá sido el número uno del circuito.