lunes, 12 de mayo de 2008

CORREO DEL NAVEGANTE (II)

Mar 10
María de la Paz Durán, desde Donostia, nos manda el siguiente relato:“Cada vez que te beso me sabe a poco,por eso me alejo de ti poquito a poco.”Es el suave y sensual bolero que se oye de fondo en una radio algo vieja, pero con solera, apoyada en una pequeña balda que con dos grandes escarpias hace equilibrios encima de la cama. La balda está ribeteada con papel recortado, imitando una blonda; sus puntas enrolladas y amarillentas acusan el paso del tiempo.-¡Échate para allá, Casimira, que no entro!-Yo también te quiero, Genaro.Genaro alza la voz:-Te digo que me dejes más sitio, que esta cama es muy pequeña. ¿Te has quitado el aparatejo de la oreja?-Me he quitado to, Genaro.-Pues abrázame, paloma, que hoy me he inundao de colonia para ti.-Genaro, ¡tu colonia apesta a linimento!-Es que… recuerda el tirón de la última vez. Me quedé hecho un cuatro.-Claro, ahora no es como de mozos; allí, tiraos en la tierra, revolcándonos entre el heno mientras cuidábamos el rebaño. ¡Qué bonito era!-¡Y tanto! Por eso lo repetimos todos los años, para recordarlo; y si no me equivoco, van para setenta y cuatro. ¡Rediez!, paice que tengas piedras en la cama; ¡coñe, si son tus dientes!-Genaro, ya te he dicho que me he quitao to.-Menos mal que la luz está apagada, Casimira, que si no…-Claro, Genaro, hay que ser prudentes; ¡mira que si se entera tu mujer…!