lunes, 12 de mayo de 2008

ECOS DEL SIGLO DE ORO


Mar 10
Mas ya (merced del cielo) me desato,
ya rompo a la esperanza lisonjera
el lazo en que me asió con doble trato.
Pienso torcer de la común carrera
que sigue el vulgo, y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho,
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho.
Y porque vano error mas no me asombre
en algún alto y solitario nido
pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre
Y como si no hubiera acá nacido,
estarme allá, cual Eco, replicando,
al dulce son de Dios, del Alma oído.
Y ¿qué debiera ser (bien contemplando)
el alma, sino un eco resonante
a la eterna beldad que está llamando?
y, desde el cavernoso y vacilante
cuerpo, volver mil réplicas de amores
al sobrecelestial Narciso amante,
rica de sus intrínsecos favores,
con un piadoso escarnio el bajo oficio
burlar de los mundanos amadores…

Francisco de Aldana
(1537-1578). (Fragmento de la Epístola a Arias Montano).