lunes, 12 de mayo de 2008

CORREO DEL NAVEGANTE (IX)

Abr 19
Pío Plas, desde Punta Umbría (Huelva) nos dice:Recuerdo que, durante mi “mili” en Araca, tenía un compañero vasco que se apellidaba Aguirregoicourretabizcaya Beitialarrangoitia. Yo, ante tal despliegue y con mi apellido enano, me sentía menoscabado. Claro está que, como reza el refrán: “A mayor largura, menos cordura”. No obstante, ahora que se ha instaurado el Ministerio de Igualdad, ¿no se podría recurrir a algún trámite, por complicado que fuera éste, para solucionar esta falta de proporción?Desde Donostia, Maite Losantos, luciferina criatura, nos envía un texto que llegó a crearnos una cierta compunción y desasosiego…hasta el último párrafo. Se titula Servicio de contactos. Va por ustedes:Vaya por delante que te escribo esta carta dejándome llevar de un arrebato, de un absurdo impulso… Pero lúcidamente. Aun reconociendo que, además, va contra toda lógica y sentido común porque, como estás impedido para hacer el esfuerzo de entenderme, será imposible que la comprendas… No puedes hacerlo… Asumo esto con la naturalidad de aceptar lo indiscutible: es evidente que pertenecemos a dos mundos distintos y que, por ello, no puede haber una comunicación normal entre los dos. Sin embargo, y a pesar de tanta sinrazón, seguiré con ella… Me servirá para clarificar, a solas con el papel, mis contradictorios sentimientos hacia ti en este momento; tan crucial de mi relación contigo que… estoy pensando en intentar cortarla… Sin saber cómo ni cuándo; y, lo que es peor, sospechando que estoy tan ligada a ti como si te perteneciera. De lo que, por supuesto, no te hago responsable, pues sé que, paradójicamente, lo has conseguido sin habértelo propuesto… Desde el principio.Para empezar, porque tú no viniste a mí por propia iniciativa… Fui yo quien, influenciada por una costumbre social en la que, aceleradamente, nos hemos venido incorporando las mujeres, te introdujo en mi vida para ser un simple aventurero capricho… Y, justo es confesarlo, haciéndolo hasta con cierta frivolidad en los primeros encuentros; considerándote… no sé… como algo novedoso, atrevido que, de manera esporádica y ocasional, llegaba en la madurez de mi edad… Sin imaginar, en mi inconsciencia, cuánto ibas a trastocarla, pasado un tiempo, convirtiendo lo que yo creía una experiencia intrascendente y trivial en lo absolutamente imprescindible que eres hoy para mí… Ni figurarme que más tarde, y esto es lo que me abruma, fuera descubriendo lo escasamente positivos que son mis contactos contigo…Reflexionando con calma y cordura sobre la dualidad de estos dispares sentimientos, he llegado a la conclusión de que, si bien es cierto que siempre estás a a mi disposición para satisfacer mi deseo de ti, no lo es menos que es muy poco lo que recibo a cambio de lo mucho que yo arriesgo… Y he visto a las claras que, consumado cada acto de nuestra unión, en realidad, el placer que he obtenido de ti durante él es terriblemente engañoso… Aunque, con referencia a ello, me apresure a hacerte algunas necesarias aclaraciones.En este sentido no voy a negarte la impaciencia y ansiedad con las que, desasosegada y anhelosamente acudo a ti; sobre todo, si me siento excitada… Tampoco me recataré al reconocer que, ya antes de cada una de ellas, comienzo a disfrutar con sólo imaginar el intenso gusto que vaya a expandirse por mi boca mientras mi lengua se demore humedeciendo, con la misma delicadeza con la que le han acariciado antes mis manos, el manantial y filtro de tus esencias… Cuando presiento cómo las notaré comenzar a fluir, aspiradas por mí; unas veces con lentitud, succionándolas suavemente y otras, en tan apresurado y descontrolado frenesí que casi me provoca un incipiente ahogo… Cuando preveo que paladearé sus sabores con fruición, deleitándome en ellos…Y, por último, cuando después, con inmensa complacencia, te sentiré penetrarme con ellas, notando cómo van llegando hasta la intimidad de los adentros más recónditos y profundos de mi ser; cuando perciba la sensación de que, diluido en ellas, estás yéndote… diseminado, esparcido por todo mi interior… inundándolo… Y convirtiéndolas así en parte de mí misma…Pero, sin retractarme de todo lo anterior, también me he dado cuenta de que es precisamente entonces, saciada mi necesidad de ti, y aunque cual aparente mantis religiosa yo te haya engullido tras el acoplamiento, consumiéndote ávida y voluptuosamente, es, digo, al acabar, cuando me quedo con la impresión de haber sido tan sólo yo la que se ha entregado; la única que, en realidad… ¡ha sido poseída por ti…! Porque lo cierto es que, en fin de cuentas, tú, pasivo e indiferente, nunca habrás puesto nada de tu parte más allá de… ¡haberte dejado hacer…!Lo que también es de ley apuntar, no evita que a continuación, ya repuesto tras la pausa del tiempo más o menos largo que yo marco, te me representes otra vez, de nuevo con tu originario aspecto inicial, intacto y servicialmente predispuesto para el siguiente… Siendo yo consciente, en este punto, de que, especialmente algunas noches, llegan en una insensata dinámica excesivamente rápida y numerosa… Pero repito, convencida de que sólo seré yo, exclusivamente, nunca tú, quien encienda la llama que pondrá el fuego en nuestra siguiente unión… Al calor de cuya lumbre volverá a arder mi pecho mientras tú, inactivo e indiferente aun habiéndote quemado también en la anterior, te escenificarás otra vez ante mis ojos, aparentemente incombustible, cual ave fénix renaciendo de sus cenizas…Uniones, por cierto, que, aparte del alto desembolso económico que me suponen, pago un incalculable y excesivo precio emocional por ellas… Sumisamente atraída hacia ti, que no te involucras en nada, ni siquiera puedo considerarte cómplice de mi desatino… Y lo peor es saber que, inútilmente, me quejo sólo de vicio porque, en el metafórico plano afectivo, lo natural y normal entre los dos es que sea yo la única vulnerable…Estoy tan atrapada en tu fatal encantamiento, me he acostumbrado a vivir tan en conjunción contigo, que llego al extremo de sentirme acompañada por ti, incluso en tu ausencia… Te respiro en la huella indeleble del olor que me dejas, ese aroma penetrante y peculiar que te caracteriza y que se halla extendido por cada rincón de mi casa, impregnado en mi ropa, en mi pelo…Y transmitido a los demás en el del aliento que me dejan los lamidos besos que yo te haya dado…Pero, independientemente de otras ponderadas consideraciones de salud, sé que lo mío contigo es tirar el dinero; que, a mi edad, y sin haberlo hecho en mi juventud, no debiera andar en el semejante devaneo de tener que verte, en ocasiones, a escondidas porque hay muchas críticas contra ti y ya sólo estás en boca de los que aún te defienden; que ni he sido la primera ni seré la última que sueña con tu paquete… Por mi parte, yo, de momento, sólo he conseguido disminuir, poco a poco, las veces que te lo cogía…Lo más irracional de mi tejemaneje mental es que tú, libre de culpa, quedas al margen de este desaguisado embrollo… Y es que tú sólo eres… lo que te han hecho: un tentador y aromático cigarrillo que sostengo ahora, con suavidad y delicadeza, entre mis dedos y ante mi boca; presto para fumarte en cuanto te encienda… El mismo que en esta carta ha quedado reducido, y muy claramente expresado, a un mero e inocente SER/VICIO DE CONTACTOS… Esperando de quienes la lean, no manipulen la percepción de una realidad mezclándola con vagas sugestiones, sutiles apariencias y un travieso, ambiguo y tergiversador vocabulario. Porque, sinceramente, nada más lejos de mi intención al escribirla. Le pese a quien le pese. Y pene a quien pene.