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martes, 9 de diciembre de 2008

Fábulas literarias

Fábulas argentinas : Godofredo Daireaux : "El avestruz y el ganso"


Fábulas argentinas
El avestruz y el ganso

de Godofredo Daireaux



El avestruz y el ganso, teniendo que recorrer juntos cierta distancia, caminaban a la par. Al cabo de muy poco tiempo, el ganso, todo cansado, le dijo al avestruz:

-¡Pero usted anda demasiado ligero, amigo!

-Si voy al tranco -le contestó el avestruz.

Y después de andar algún trecho más, se dio vuelta el ganso, exclamando:

-¡Mire, cuánto hemos andado ya!

-Mire más bien -le dijo el avestruz-, cuánto tenemos que andar todavía.

Para el ave de patas cortas cualquier paso es rápido y cualquier paseo es un viaje. Y para gente de vistas cortas cualquier adelanto también es incomparable progreso.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Fábulas literarias : "El jilguero y el cisne"

Fábulas literarias
El jilguero y el cisne

de Tomás de Iriarte


Calla tú, paxarillo vocinglero
(dixo el cisne al Xilguero:)
¿A cantar me provocas, quando sabes
que de mi voz la dulce melodía
nunca ha tenido igual entre las aves?
   El Xilguero sus trinos repetía;
y el cisne continuaba: ¡Qué insolencia!
¡Miren cómo me insulta el musiquillo!
Si con soltar mi canto no le humillo,
dé muchas gracias á mi gran prudencia.
   ¡Oxalá que cantaras!
(le respondió por fin el pajarillo:)
¡Quánto no admirarías
con las cadencias raras
que ninguno asegura haberte oído,
aunque logran más fama que las mías!...
Quiso el cisne cantar, y dió un graznido.
   ¡Gran cosa! Ganar crédito sin ciencia,
y perderle en llegando á la experiencia.

Fábulas argentinas : "El hombre y la oveja" (Godofredo Daireaux)

Fábulas argentinas
El hombre y la oveja

de Godofredo Daireaux



El hombre dijo a la oveja: -¡Te voy a proteger!

Y a la oveja le gustó.

-Apenas -dijo el hombre- tienes en las espaldas, para resistir al frío, algunas hebras de gruesa lana. Vives en rocas ásperas, donde tienes que brincar a cada paso, con riesgo de tu vida, para buscar el escaso alimento, el pobre pasto que allí crece. Los leones no te dejan en paz. Crías hijos flacos con tu poca leche, y da pena ver en semejante miseria a ti y a toda tu familia. Ven conmigo. Te daré rico vellón de lana fina y tupida, perseguiré a tus enemigos, curaré tus enfermedades, tendrás parques seguros y prados abundantes. Verás, tus corderos, ¡qué gordos serán! Ven, pues; te voy a proteger.

Y fue la oveja, balando de gozo.

El hombre, primero, la encerró en un corral. Quiso ella salir; un perro le mordió el hocico.

Le hirieron en la oreja con un cuchillo y la metieron en un baño, frío, de olor muy feo.

Por fin, de compañero, le dieron un carnero que a ella no le gustaba nada.

En vano protestó.

-Es para tu bien -dijo el hombre-: ¿no ves que te estoy protegiendo?

Poco a poco se fue acostumbrando.

Sus formas agrestes cambiaron por completo; sus mechones cerdosos se volvieron lana, y se hinchó de orgullo al ver su hermoso vellón.

Entonces, el hombre la esquiló.

La oveja tuvo magníficos hijos, rebosantes de salud y redondos de gordura.

El hombre se los llevó, sin decirle para donde.

La oveja quiso saltar el corral para seguirlos, y rompió un listón de madera. El hombre, furioso, asestándole un golpe en la cabeza:

-¡Vaya! -dijo-, ¡métase uno a proteger ingratos!

martes, 18 de noviembre de 2008

Fábulas Literarias : "El papagayo, el tordo y la marica" (Tomás de Iriarte)


Fábulas literarias
El papagayo, el tordo y la marica

de Tomás de Iriarte




[editar]FÁBULA XXIV

 Oyendo un tordo hablar á un papagayo,
 quiso que él, y nó el hombre, le enseñara;
 y con sólo un ensayo
 creyó tener pronunciación tan clara,
 que en ciertas ocasiones
 a una marica daba ya lecciones.
 Así salió tan diestra la marica
 como aquel que al estudio se dedica
 por copias y por malas traducciones.

Fábulas argentinas : El avestruz y el ganso (Godofredo Daireux)


Fábulas argentinas
El avestruz y el ganso

de Godofredo Daireaux



El avestruz y el ganso, teniendo que recorrer juntos cierta distancia, caminaban a la par. Al cabo de muy poco tiempo, el ganso, todo cansado, le dijo al avestruz:

-¡Pero usted anda demasiado ligero, amigo!

-Si voy al tranco -le contestó el avestruz.

Y después de andar algún trecho más, se dio vuelta el ganso, exclamando:

-¡Mire, cuánto hemos andado ya!

-Mire más bien -le dijo el avestruz-, cuánto tenemos que andar todavía.

Para el ave de patas cortas cualquier paso es rápido y cualquier paseo es un viaje. Y para gente de vistas cortas cualquier adelanto también es incomparable progreso.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Fábulas Literarias : "El manguito, el abanico y el quitasol"

Fábulas literarias
El manguito, el abanico y el quitasol

de Tomás de Iriarte




[editar]FÁBULA XIV

Si querer entender de todo
Es ridícula presuncion,
Servir sólo para una cosa
Suele ser falta no menor.

Sobre una mesa cierto día
Dando estaba conversacion
A un Abanico y á un Manguito
Un Para-aguas ó Quitá-sol;
Y en la lengua que en otro tiempo
Con la Olla el Caldero habló, [1]

A sus dos compañeros dixo:
¡O qué buenas alhajas sois!

Tu, Manguito, en hibierno sirves;
En verano vas á un rincon:
Tu, Abanico, eres mueble inútil
Quando el frió sigue al calor.
No sabéis salir de un oficio.
Aprended de mí, pese á vos;
Que en el hibierno soi Para-aguas,
Y en el verano Quita-sol.


  1.  Alude á la Fábula que escribe Esopo del Caldero y la Olla, disculpándose con este exemplo la impropiedad en que parece se incurre haciendo hablar no sólo á los Animales, sino aun á las cosas inanimadas, como son el Manguito, el Abanico y el Quita-sol.

martes, 4 de noviembre de 2008

Fábulas argentinas : Godofredo Daireaux : "El arroyo y el cañadón"


Fábulas argentinas
El arroyo y el cañadón

de Godofredo Daireaux



Angosto y transparente, corría el arroyo, con su incesante cuchicheo, sobre su hermoso lecho de piedritas, en mil saltos alegres, entre sus riberas floridas.

Extendido en todo lo ancho de la llanura, reflejando las nubes espesas, mudo, dormía el cañadón perezoso, tapado en partes por su sábana de juncos y duraznillos.

El primero brindaba, con amable generosidad, a las haciendas sedientas el cristal de sus aguas.

-Pocas, pero buenas -les decía, sonriéndose, con su vocesita cantante-; tomen sin cuidado. Son limpias y sanas. No teman que se les acabe; vienen de a poco, pero para todo y para todos alcanzan. No se secan nunca: siempre corren renovadas.

-¿Qué diré yo, entonces -dijo el cañadón-, si este pobre tonto se alaba? Aunque corras y trabajes toda la vida, nunca pasarás de lo que sois, encerrado entre tus barrancas. Enriquecido yo, de todas las aguas que de ti y de tus semejantes puedo detener, no necesito moverme para vivir. ¿Ves estas nubes negras? algo destruirán, pero aumentarán mi caudal. También sé ser generoso a mis horas y no impido que las haciendas prueben mis aguas.

-Rico sois, es cierto, cañadón mío -le contestó el arroyo-, rico de lo que nos quitas, y tienes agua más bien por demás. También les das a los animales sedientos; pero les tapas el pasto bueno. Tus aguas barrosas, sucias y cálidas, no fecundan la tierra y sólo producen gérmenes de muerte para los que, apremiados por urgente necesidad, se atreven a probarlas.

No seas orgulloso por tu extensión; los sapos, los escuerzos y los mosquitos, son los únicos que cantan tu gloria; y si, cansado de tu insolencia, te llega a secar el sol, ¡qué olor, señor!

Mal puede alabar su generosidad el usurero.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Fábulas literarias : Tomás de Iriarte :"La parietaria y el tomillo"

Fábulas literarias
La parietaria y el tomillo

de Tomás de Iriarte

Yo leí, no sé donde, que en la lengua herbolaria
Saludando al Tomillo la hierba Parietaria,
Con socarronería le dixo de esta suerte:
Dios te guarde, Tomillo: lástima me da verte;
Que aunque mas oloroso que todas estas plantas,
Apénas medio palmo del suelo te levantas.
El responde: Querida, chico soi; pero crezco
Sin ayuda de nadie. Yo sí te compadezco;
Pues, por mas que presumas, ni medio palmo puedes
Medrar, si no te arrimas á una de esas paredes.

Quando veo yo algunos que de otros Escritores
A la sombra se arriman, y piensan ser Autores
Con poner quatro notas, ó hacer un prologuillo,
Estói por aplicarles lo que dixo el Tomillo.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Fábulas argentinas : Godofredo Daireaux : "El águila"

Fábulas argentinas
El águila

de Godofredo Daireaux



Cuando tuvieron los pájaros que elegir un rey, no pocos fueron los candidatos; y bien desprovisto de méritos se sentiría aquél que no pensó entonces, siquiera por un rato, en solicitar para sí los votos de los demás.

Se juntaron primero para designar candidato los más copetudos con los más inquietos y los más gritones. Pero pronto conocieron que cada cual tendría un solo voto, el propio, y se disolvió la asamblea, dejando que el pueblo eligiese a su gusto y nombrase al que más quisiera.

Y el pueblo, acariciado por muchos candidatos zalameros y prometedores, pero cansado ya de gritos huecos y de agitaciones estériles, no vaciló en confiar sus destinos, a pesar de temblarle, al águila, que vuela en lo alto, solitario y callado, majestuoso y dominador.

Una pequeña liga de temor a veces hace más resistente el blando metal de la popularidad.

domingo, 26 de octubre de 2008

Fábulas literarias : "La campana y el esquilón" (Tomás de Iriarte)

Fábulas literarias
La campana y el esquilón

de Tomás de Iriarte


En cierta catedral una Campana había
Que sólo se tocaba algun solemne día.
Con el mas recio son, con pausado compas
Quatro golpes, ó tres solía dar no más.
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca,
Celebrada fué siempre en toda la comarca.

Tenía la ciudad en su jurisdiccion
Una aldéa infeliz, de corta poblacion,
Siendo su parroquial una pobre iglesita
Con chico campanario á modo de una ermita;
Y un rajado Esquilon, pendiente en medio de él,
Era allí quien hacía el principal papel.

A fin de que imitase aqueste campanario
Al de la catedral, dispuso el vecindario
Que despacio, y mui póco el dichoso Esquilon
Se hubiese de tocar sólo en tal qual funcion.
Y pudo tanto aquello en la gente aldeana,
Que el Esquilon pasó por una gran Campana.

Mui verosímil es; pues que la gravedad
Suple en múchos así por la capacidad.
Dígnanse rara vez de despegar sus labios,
Y piensan que con esto imitan á los sabios.

martes, 21 de octubre de 2008

Fábulas argentinas : "Decreto moralizador" (Godofredo Daireaux)

Fábulas argentinas
Decreto moralizador

de Godofredo Daireaux



Entre los hombres, unos tienen mucha tierra y gozan de la vida sin trabajar; otros no tienen ninguna y trabajan sin gozar; bien pocos son los que la tienen justito para gozar trabajando.

Si tuviera cada cual que arar la tierra que tiene, preferirían unos cuantos, sin duda, cederla a otros.

El tigre, al ver que algunos de sus súbditos voraceaban, mientras otros casi se morían de hambre, quiso obligarlos por un edicto a comerse cada cual todo lo que cazara.

El zorro se tuvo que comer enterita la gallina que había robado y quedó repleto; lo mismo el gato con una gran rata y dos lauchas, y así de otros, sufriendo no pocos regular indigestión.

Pero quedaron sin comer muchos perros cimarrones, hambrientos y flacos, que por esto mismo nada habían podido cazar. Y miraban éstos, envidiosos, al puma ocupado por orden superior en devorar las diez ovejas que en la noche había muerto.

Su envidia duró poco: después de la primera oveja, el puma no podía más; y al acabar la segunda, obligado por el decreto, reventó.

Los perros flacos eran tantos que pudieron, sin llenarse, comer las ovejas que quedaban y también el puma muerto.

lunes, 20 de octubre de 2008

Fábulas Literarias : "El oso, la mona y el cerdo"(Tomás de Iriarte)

Fábulas literarias
El oso, la mona y el cerdo

de Tomás de Iriarte

FÁBULA III

Un Oso con que la vida
Ganaba un Piamontes,
La no muí bien aprendida
Danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
Dixo á una Mona: ¿Qué tal?
Era perita la Mona,
Y respondióle: Mui mal.

Yo creo, replico el Oso,
Que me haces poco favor.
¿Pues qué? mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?

Estaba el Cerdo presente,
Y dixo : Bravo! bien va!
Bailarin mas excelente
No se ha visto, ni verá.
 
Echó el Oso, al oir esto,
Sus cuentas allá entre sí,
Y con ademan modesto
Hubo de exclamar así:

Quando me desaprobaba
La Mona, llegué á dudar:
Mas ya que el Cerdo me alaba,
Mui mal debo de bailar.

Guarde para su regalo
Esta sentencia un Autor:
Si el sabio no aprueba, malo!
Si el necio aplaude, peor!

lunes, 13 de octubre de 2008

Fábulas argentinas : "Cóndor y Chingolo" (Godofredo Daireaux)



El cóndor en su poderoso vuelo remontó a la cima de la montaña, se asentó en ella, torció su horrible pescuezo desplumado y recorriendo todo el horizonte con una orgullosa ojeada, exclamó:

-¡Yo, buitre, soy el centro del orbe!

Un gavilán, amodorrado en la punta de un poste del telégrafo en plena Pampa, contemplaba entre los párpados a medio cerrar el horizonte lejano que por todas partes a igual distancia lo envolvía, y despertándose, también exclamó: ¡Yo, gavilán, soy el centro del orbe!

Pero también el carancho, asentado en la cima de un sauce, viendo el horizonte amplio de la llanura extenderse por igual trecho a todos lados, gritó: ¡El centro del orbe soy yo, carancho!

El chimango, mientras tanto, dejó durante un rato de rascarse los piojos para cerciorarse desde lo alto de un poste del corral, de que, sin la menor duda el centro del orbe era él, pues no había más que fijarse en el horizonte para comprobar el hecho. Y tanto se convenció de que así era, que se lo dijo al chingolo.

Pero el chingolo, que no tiene ni una pluma de zonzo, no se la quiso tragar sin ver; voló para arriba, hasta lo más alto que le fue posible, y cuando volvió a bajar, le gritó al chimango: ¡Mentira, el centro del orbe soy yo, bien lo acabo de ver!

Y no hay pájaro en este mundo, por chico que sea, que no crea ser el eje de alguna cosa.

sábado, 11 de octubre de 2008

Fábulas Literarias : "El escarabajo" (Tomás de Iriarte)

El escarabajo
de Tomás de Iriarte



(Lo delicado y ameno de las buenas letras no agrada a los que se entregan al estudio de una erudición pesada y de mal gusto.)


Tengo para una fábula un asunto,

que pudiera muy bien... pero algún día

suele no estar la musa muy en punto.

Esto es lo que hoy me pasa con la mía;

y regalo el asunto a quien tuviere

más despierta que yo la fantasía;

porque esto de hacer fábulas requiere

que se oculte en los versos el trabajo,

lo cual no sale siempre que uno quiere.

Será, pues, un pequeño escarabajo

el héroe de la fábula dichosa,

porque conviene un héroe vil y bajo.

De este insecto refieren una cosa:

que, comiendo cualquiera porquería,

nunca pica las hojas de la rosa.

Aquí el autor con toda su energía

irá explicando, como Dios le ayude,

aquella extraordinaria antipatía.

La mollera es preciso que le sude

para insertar después una advertencia

con que entendamos a lo que esto alude;

y según le dictare su prudencia,

echará circunloquios y primores,

con tal que diga en la final sentencia

que así como la reina de las flores

al sucio escarabajo desagrada,

así también a góticos doctores

toda invención amena y delicada.

lunes, 6 de octubre de 2008

Fábulas argentinas : Godofredo Daireaux

Fábulas argentinas
Concurso de belleza

de Godofredo Daireaux



Decidieron los animales abrir un concurso de belleza: se fijaron día y condiciones, y se publicó la lista de los premios ofrecidos.

El día señalado acudieron a la cita los candidatos; y los miembros del jurado comprobaron con sorpresa que todos los animales, sin excepción, se habían presentado para disputar el premio.

Empezaron a indagar los motivos de semejante unanimidad, pues les parecía que entre los competidores, algunos había que no podían ni remotamente contar con los sufragios de los jueces y que el jurado iba a tener un trabajo por demás ingrato.

Preguntaron, por ejemplo, al elefante, qué era lo que lo impulsaba a concurrir: «Pero toda mi persona, contestó él; el conjunto y los detalles: mi masa imponente; mi trompa tan larga y tan elegante; mi cuero tan rugoso que no hay otro igual; y mi colita tan bonita, y mis ojos tan pequeños, y mis orejas tan anchas».

Todo lo que era de él le parecía bonito. Y lo mismo pasó con los demás, sin contar que nunca era lo que a los jurados parecía digno de mayor aprecio lo que a cada cual de los competidores más le agradase. El pavo real, por cierto, era orgulloso del esplendor de su cola, pero, más que todo, recomendó a los jueces la suavidad de su canto; el perro ñato ponderó lo chato de su hocico, lo mismo que el elefante había ponderado lo largo de su trompa, y el zorro no dejó de llamar la atención sobre lo puntiaguda que era su nariz, asegurando que esto era el verdadero colmo de la belleza.

El avestruz quería que todos admirasen lo corto de sus orejas, y el burro sacudía las suyas para hacer valer su tamaño. Tanto que el jurado tuvo que aplazar el concurso hasta que entrase -dijo- un poco de juicio en las cabezas; como quien dice: por tiempo indeterminado.

domingo, 5 de octubre de 2008

Fábulas literarias : Tomás de Iriarte : "La ardilla y el caballo"

Fábulas literarias
La ardilla y el caballo

de Tomás de Iriarte


Mirando estaba un ardilla
a un generoso alazán,
que dócil á espuela y rienda,
se adestraba en galopar.

Viéndole hacer movimientos
tan veloces y á compás,
de aquesta suerte le dixo
con mui poca cortedad:
     Señor mío,
     de ese brío,
     ligereza,
     y destreza
     no me espanto;
     que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
     Yo soi viva,
     soi activa;
     me meneo,
     me paseo,
     yo trabajo,
     subo y baxo,
no me estói quieta jamás.

El paso detiene entonces
el buen potro, y mui formal,
en los términos siguientes
respuesta á la ardilla da:
     Tantas idas
     y venidas,
     tantas vueltas
     y revueltas
     (quiero, amiga,
     que me diga),
¿son de alguna utilidad?
     Yo me afano;
     mas nó en vano.
     Sé mi oficio,
     en servicio
     de mi dueño,
     tengo empeño
de lucir mi habilidad.

Con que algunos escritores
ardillas también serán
si en obras frívolas gastan
todo el calor natural.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Fábulas en verso castellano: "La rosa y la zarza"


Fábulas en verso castellano
III - La rosa y la zarza

de Juan Eugenio Hartzenbusch



Murmuraba impaciente 
una rosa naciente 
del cautiverio duro que sufría, 
porque una zarza espesa la tenía 
con sus punzantes vástagos cercada. 
-Yo (sin cesar decía), yo no disfruto aquí ni sé de nada; sin un rayo de sol, tasado el aire, desperdicio, de todos ignorada, y entre espinas incómodas reclusa, mi fragancia, colores y donaire. La zarza respondió: Joven ilusa, tu previsión escasa, del bien que te hago, sin razón me acusa. Bajo mis ramas a cubierto vives del sol canicular que nos abrasa; el golpe no recibes del granizo cruel que nos deshoja; y ese muro de espinas que te enoja, defiende tu hermosura de que una mano rústica la coja. La flor entonces, de despecho roja, ¡Mal haya (replicó) la ruin cordura, que de riesgos que no hay, tiembla y se apura! No fue la maldición echada en vano. A los pocos momentos un villano llega con la cortante podadera: la despiadada mano descarga en el zarzal; hiere, destroza, y tan completamente me le roza, que ni un retoño le dejó siquiera. Poco de la catástrofe se duele, persuadida la rosa de que gana, quedándose sin aya que la cele. Descanse en paz la rígida guardiana. ¡Qué feliz su discípula es ahora! Bañada en el relente de la aurora, descoge con orgullo su tierno y odorífero capullo: princesa de las flores la proclaman los pájaros cantores. Pero el viento la empolva y la molesta, sol picante la tuesta, la ensucia el caracol impertinente con pegajosa baba, y apenas se la enjuga, cuando voraz la oruga su venenoso diente una vez y otra vez en ella clava. Se descolora la infeliz, se arruga, y una ráfaga recia de solano desparramó sus hojas por el llano.  Es el recogimiento condición de las jóvenes precisa: falta en la mocedad conocimiento del suelo que se pisa. La niña que imprudente, sola y sin guía recorrer intente la senda de la vida peligrosa, tema la suerte de la indócil rosa. 

viernes, 19 de septiembre de 2008

Fábulas argentinas : Godofredo Daireaux




Sucedió un horrible accidente; se desplomó el techo de una casa abandonada, hiriendo de gravedad a muchas ratas; y entre todos los animales inscriptos en la sociedad de socorros mutuos se inició una subscripción, para proveer camas que era lo más urgente; y todos se apresuraron a dar pruebas efectivas de solidaridad.

El mismo hurón que, días antes, se había comido todos los hijos de una de las ratas heridas, no vaciló en traer su óbolo, y para ello se sacó de la espesa cola un puñado de pelos. Y todos, enternecidos por este rasgo de generosidad, susurraron con los ojos llenos de lágrimas: «¡Qué bien! ¡mire que con las ratas andaba algo distanciado. Y asimismo, ya ve!».

La oveja se lució. Era unos días antes de la esquila; llevaba cinco libras de lana, los calores empezaban, y su poncho la tenía molesta. Se arrancó un gran mechón de lana y lo entregó al comité. Todos los presentes echaron el grito al cielo: «¡Qué generosidad! ¡qué desprendimiento!».

Y como Damián, el venado, que sin tener mayor relación con las ratas, pero llevado por su buen corazón, traía en aquel momento un puñadito de pelos cortos, que sólo con pelarse casi toda la paleta había podido conseguir, lo miraron con bastante desprecio.

Sólo Cristo supo valorar el óbolo de la viuda.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Fábulas Literarias : Tomás de Iriarte :


Fábulas literarias
La oruga y la zorra

de Tomás de Iriarte

    

 Si se acuerda el lector de la tertulia
 en que, a presencia de animales varios,
 la zorra adivinó por qué se daban
 elogios avestruz y dromedario,
    sepa que en la mismísima tertulia
 un día se trataba del gusano
 artífice ingenioso de la seda,
 y todos ponderaban su trabajo.
    Para muestra presentan un capullo;
 examínanle, crecen los aplausos,
 y aun el topo, con todo que es un ciego,
 confesó que el capullo era un milagro.
    Desde un rincón la oruga murmuraba
 en ofensivos términos, llamando
 la labor admirable, friolera,
 y a sus elogiadores, mentecatos.
    Preguntábanse, pues, unos a otros:
 ¿Por qué este miserable gusarapo
 el único ha de ser que vitupere
 lo que todos acordes alabamos?
    Saltó la zorra y dijo: ¡Pese a mi alma!
 El motivo no puede estar más claro.
 ¿No sabéis, compañeros, que la oruga
 también labra capullos, aunque malos?
 
     ¡Laboriosos ingenios perseguidos!
 ¿Queréis un buen consejo? Pues cuidado:
 cuando os provoquen ciertos envidiosos,
 no hagáis más que contarles este caso.

Moraleja : La literatura es la profesión en que más se verifica el proverbio: ¿Quién es tu enemigo? El de tu oficio.