- La vanidad para un escritor es como la gordura para una bailarina.
- Al escritor que llevaron por la calle de la amargura, cuando muere, igual lo humillan todavía poniendo su nombre a una calle anodina que tiene un bar grasiento.
- Un buen aforismo es un relámpago en las tinieblas.
- Las verdades duelen como las inyecciones que nos salvan.
- La amistad entre los escritores suele ser perifrástica.
- De la mona a la belleza desalmada de las top-models sólo ha pasado la historia universal de la seducción.
- No dejes para la otra vida lo que puedas hacer en ésta.
martes, 9 de diciembre de 2008
Los aforismos de Ramón Eder
sábado, 6 de diciembre de 2008
Los Aforismos de Ramón Eder
- Hay personas tan pedantes que cuando se callan se callan en latín.
- Sobre todo, no ser pomposo.
- El destino, cuando quiere ser verdaderamente cruel, primero premia.
- Los puritanos quieren que estemos tan tristes como ellos.
- Uno de esos promontorios de las costa del Mediterráneo que están pidiendo a gritos un templo griego y en los que se construye un hotelito cursi
- El otoño es erótico porque la mujer se tapa.
- Los hombres apagados sueñan con mujeres explosivas.
- A la mejor amistad hay que ponerle de vez en cuando una tirita.
martes, 18 de noviembre de 2008
Oráculo manual y arte de la prudencia: Aforismos (BALTASAR GRACIÁN)
1. Todo está ya en su punto, y el ser persona en el mayor. Más se requiere hoy para un sabio que antiguamente para siete; y más es menester para tratar con un solo hombre en estos tiempos que con todo un pueblo en los pasados.
2. Genio e ingenio. Los dos ejes del lucimiento de prendas: el uno sin el otro, felicidad a medias. No basta lo entendido, deséase lo genial. Infelicidad de necio: errar la vocación en el estado, empleo, región, familiaridad.
3. Llevar sus cosas con suspensión. La admiración de la novedad es estimación de los aciertos. El jugar a juego descubierto ni es de utilidad ni de gusto. El no declararse luego suspende, y más donde la sublimidad del empleo da objeto a la universal expectación; amaga misterio en todo, y con su misma arcanidad provoca la veneración. Aun en el darse a entender se ha de huir la llaneza, así como ni en el trato se ha de permitir el interior a todos. Es el recatado silencio sagrado de la cordura. La resolución declarada nunca fue estimada; antes se permite a la censura, y si saliere azar, será dos veces infeliz.
Imítese, pues, el proceder divino para hacer estar a la mira y al desvelo.
4. El saber y el valor alternan grandeza. Porque lo son, hacen inmortales; tanto es uno cuanto sabe, y el sabio todo lo puede. Hombre sin noticias, mundo a oscuras. Consejo y fuerzas, ojos y manos: sin valor es estéril la sabiduría.
5. Hacer depender. No hace el numen el que lo dora, sino el que lo adora: el sagaz más quiere necesitados de sí que agradecidos. Es robarle a la esperanza cortés fiar del agradecimiento villano, que lo que aquella es memoriosa es éste olvidadizo. Más se saca de la dependencia que de la cortesía: vuelve luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja exprimida cae del oro al lodo. Acabada la dependencia, acaba la correspondencia, y con ella la estimación. Sea lección, y de prima en experiencia, entretenerla, no satisfacerla, conservando siempre en necesidad de sí aun al coronado patrón; pero no se ha de llegar al exceso de callar para que yerre, ni hacer incurable el daño ajeno por el provecho propio.
6. Hombre en su punto. No se nace hecho: vase de cada día perfeccionando en la persona, en el empleo, hasta llegar al punto del consumado ser, al complemento de prendas, de eminencias. Conocerse ha en lo realzado del gusto, purificado del ingenio, en lo maduro del juicio, en lo defecado de la voluntad. Algunos nunca llegan a ser cabales, fáltales siempre un algo; tardan otros en hacerse. El varón consumado, sabio en dichos, cuerdo en hechos, es admitido y aun deseado del singular comercio de los discretos.
7. Excusar victorias del patrón. Todo vencimiento es odioso, y del dueño, o necio, o fatal. Siempre la superioridad fue aborrecida, cuanto más de la misma superioridad. Ventajas vulgares suele disimular la atención, como desmentir la belleza con el desaliño. Bien se hallará quien quiera ceder en la dicha, y en el genio; pero en el ingenio, ninguno, cuanto menos una soberanía. Es éste el atributo rey, y así cualquier crimen contra él fue de lesa Majestad. Son soberanos, y quieren serlo en lo que es más. Gustan de ser ayudados los príncipes, pero no excedidos, y que el aviso haga antes viso de recuerdo de lo que olvidaba que de luz de lo que no alcanzó. Enséñannos esta sutileza los astros con dicha, que aunque hijos, y brillantes, nunca se atreven a los lucimientos del sol.
8. Hombre inapasionable, prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad le redime de la sujeción a peregrinas vulgares impresiones. No hay mayor señorío que el de sí mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del albedrío. Y cuando la pasión ocupare lo personal, no se atreva al oficio, y menos cuanto fuere más: culto modo de ahorrar disgustos, y aun de atajar para la reputación.
9. Desmentir los achaques de su nación. Participa el agua las calidades buenas o malas de las venas por donde pasa, y el hombre las del clima donde nace. Deben más unos que otros a sus patrias, que cupo allí más favorable el cenit. No hay nación que se escape de algún original defecto: aun las más cultas, que luego censuran los confinantes, o para cautela, o para consuelo. Victoriosa destreza corregir, o por lo menos desmentir estos nacionales desdoros: consíguese el plausible crédito de único entre los suyos, que lo que menos se esperaba se estimó más. Hay también achaques de la prosapia, del estado, del empleo y de la edad, que si coinciden todos en un sujeto y con la atención no se previenen, hacen un monstruo intolerable.
10. Fortuna y Fama. Lo que tiene de inconstante la una, tiene de firme la otra. La primera para vivir, la segunda para después; aquella contra la envidia, esta contra el olvido. La fortuna se desea y tal vez se ayuda, la fama se diligencia; deseo de reputación nace de la virtud. Fue, y es hermana de gigantes la fama; anda siempre por extremos, o monstruos, o prodigios, de abominación, de aplauso.
11. Tratar con quien se pueda aprender. Sea el amigable trato escuela de erudición, y la conversación enseñanza culta; un hacer de los amigos maestros, penetrando el útil del aprender con el gusto del conversar. Altérnase la fruición con los entendidos, logrando lo que se dice en el aplauso con que se recibe, y lo que se oye en el amaestramiento. Ordinariamente nos lleva a otro la propia conveniencia, aquí realzada. Frecuenta el atento las casas de aquellos héroes cortesanos, que son más teatros de la heroicidad que palacios de la vanidad. Hay señores acreditados de discretos que, a más de ser ellos oráculos de toda grandeza con su ejemplo y en su trato, el cortejo de los que los asisten es una cortesana academia de toda buena y galante discreción.
12. Naturaleza y arte; materia y obra. No hay belleza sin ayuda, ni perfección que no dé en bárbara sin el realce del artificio: a lo malo socorre y lo bueno lo perfecciona. Déjanos comúnmente a lo mejor la naturaleza, acojámonos al arte. El mejor natural es inculto sin ella, y les falta la mitad a las perfecciones si les falta la cultura. Todo hombre sabe a tosco sin el artificio, y ha menester pulirse en todo orden de perfección.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Los aforismos de Ramón Eder
- Todos los grandes escritores son picajosos, y los pequeños también.
- En las tiendas de lencería los hombres parecen sátiros.
- Cuando un escritor se cansa de leer novelas es que le ha llegado el momento de escribirlas.
- No sé si Dios existe, pero lo cierto es que insiste.
- Sabemos demasiadas cosas inútiles.
- En el amor propio no existen divorcios.
- Era tan inútil que no sabía mandar ni obedecer.
- El que nos engaña en algo importante ya nos había engañado antes en las pequeñas cosas.
- Presentarse a un premio literario sin padrinos es como hacer la bonoloto.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Los aforismos de Ramón Eder
- Lo que se gasta en copas, después de cierto tiempo, hay que gastárselo en médicos.
- Siguiendo una dieta estricta perdió veinte kilos y el sentido del humor.
- Le gustó tanto aquel sueño, que decidió rebobinarlo.
- No sabía si ir de vacaciones a París como un pobre o a Marruecos como un rico.
- Tontos hay en todos los grupos, incluso en los premios Nobel.
- Era tan cursi que escribía con el corazón en la mano.
- Los aforismos buenos son imperdonables.
- A las verdades, a veces, hay que coserles un botón.
- Salió a flote y le dieron con el remo.
domingo, 26 de octubre de 2008
Las ironías de Ramón Eder
- Se estaba derrumbando y quería convertir a sus hijos en albañiles.
- Viajeros de atlas y sillón.
- Vivía en un mar de dudas, como un capitán de barco.
- Donde menos te lo esperas te encuentras con Peter Handke.
- No eran felices pero comían perdices, que es el secreto del matrimonio.
- Era caritativo con la calderilla, pero sin llegar al billete.
- Nadie olvida la frase con la que fue expulsado del Paraíso.
lunes, 20 de octubre de 2008
Los aforismos de Ramón
- Un humorista es lo contrario de un chistoso.
- La frustración de haber llegado casi a la cima y vivir desconsolado un poco más abajo
- Esas secretarias terribles a las que acaba obedeciendo su jefe.
- La gente lo evitaba porque tenía humor de forense.
- Esas necrológicas tan elogiosas que parecen pagadas por el muerto.
- Los funerales dan ganas de vivir.
- La deslealtad se nota en la cara, se nota en las manos.
- Los conversos siempre se pasan de la raya.
- Tenía cara de haber sido de izquierdas.
sábado, 11 de octubre de 2008
Los aforismos de Ramón
Por su indudable interés, transcribiremos, en este blog y sucesivos, algunos aforismos del escritor navarro Ramón Eder, de su libro titulado Ironías.
La vida, bien entendida, consiste en olvidar los momentos inolvidables.
Acabarán prohibiendo hasta fumar la pipa de la paz.
Las conversaciones de ascensor son definitivas.
Muchos novelistas son poetas que quieren llegar a fin de mes.
Cuando oigo decir que un libro es muy profundo, siempre pienso que el que lo
dice no ha conseguido llegar hasta el final.
Todo elogio encierra una crítica como toda cereza encierra un hueso.
Cuando notamos que le caemos mal a alguien, automáticamente empieza a caernos mal él también.
El coraje suele tener dos fases: cobardía inicial y reacción valiente.
Nadie está a salvo de ser un héroe a palos.
Los melómanos suelen ser ligeramente irracionales.
Algunos escritores escriben como secretarias de su voluntad de poder.
Los ex presidentes de gobierno siempre tiene algo de viejas actrices.
Los hospitales se han olvidado de la estética.
Los libros cuando son malos son muy caros, y cuando son buenos no tienen precio.
Uno de esos a cuyo funeral van menos personas que a sus fiestas.
Ramón Eder (Lumbier, Navarra,1952) tiene publicados los libros: Lágrimas de cocodrilo (1988) y Hablando en plata (2001), entre otros. Se ha dicho de este volumen -Ironías- “que es un libro atinado, reflexivo, con gran sentido del humor, y que en él se hace hincapié en la exploración de los acontecimientos cotidianos para hacer de ellos un manual para entender e interpretar al ser humano”.
