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lunes, 12 de mayo de 2008

EL ESTILO LO ES TODO


Mar 30
El muchacho llevó la lata de café caliente a la choza del viejo y se sentó junto a él hasta que despertó. Una vez pareció que iba a despertarse. Pero había vuelto a caer en un sueño profundo y el muchacho había ido al otro lado del camino a buscar leña para calentar el café.Finalmente, el viejo despertó.-No se levante -dijo el muchacho-. Tómese esto -le echó un poco de café en un vaso.El viejo cogió el vaso y bebió el café.-Me derrotaron, Manolín -dijo-. Me derrotaron de verdad.-No. Él no. Él no lo derrotó.-No, verdaderamente-. Fue después.-Perico está cuidando del bote y del aparejo. ¿Qué va a hacer con la cabeza?-Que Perico la corte para usarla en las nasas.-¿Y la espada?-Puedes guardártela si la quieres.-Sí, la quiero -dijo el muchacho-. Ahora tenemos que hacer planes para lo demás.-¿Me han estado buscando?-Desde luego. Con los guardacostas y con los aeroplanos.-El mar es muy grande y un bote es pequeño y difícil de ver -dijo el viejo- Notó lo agradable que era tener alguien con quien hablar en vez de hablar sólo consigo mismo y con el mar-. Te he echado de menos -dijo-. ¿Qué han pescado?-Uno el primer día. Uno el segundo y dos el tercero.-Muy bueno.-Ahora pescaremos juntos otra vez.-No. No tengo suerte. Yo ya no tengo suerte.-Al diablo con la suerte -dijo el muchacho-. Yo llevaré la suerte conmigo.-¿Qué va a decir tu familia?-No me importa. Ayer pesqué dos. Pero ahora pescaremos juntos porque todavía tengo mucho que aprender.-Tenemos que conseguir una buena lanza y llevarla siempre a bordo. Puedes hacer la hoja de una hoja de muelle de un viejo Ford. Podemos afilarla en Guanabacoa. Debe ser afilada y sin temple para que no se rompa. Mi cuchillo se rompió.-Conseguiré otro cuchillo y mandaré a afilar la hoja de muelle. ¿Cuántos días de brisa fuerte nos quedan?-Tal vez tres. Tal vez más.-Lo tendré todo en orden -dijo el muchacho-. Cúrese sus manos, viejo.-Yo sé cuidármelas. De noche escupí algo extraño y sentí que algo se había roto en mi pecho.-Cúrese también eso -dijo el muchacho-. Acuéstese, viejo, y le traeré su camisa limpia. Y algo que comer.-Tráeme algún periódico de cuando estuve ausente -dijo el viejo.-Tiene que ponerse bien pronto, pues tengo mucho que aprender y usted puede enseñármelo todo. ¿Ha sufrido mucho?-Bastante -dijo el viejo.-Le traeré la comida y los periódicos -dijo el muchacho-. Descanse bien, viejo. Le traeré la medicina de la farmacia para las manos.-No te olvides de decirle a Perico que la cabeza es suya.-No. Se lo diré.Al atravesar la puerta y descender por el camino tallado por el uso en la roca de coral iba llorando nuevamente.Esa tarde había una partida de turistas en la Terraza, y mirando hacia abajo, al agua, entre las latas de cerveza vacías y las picúas muertas, una mujer vio un gran espinazo blanco con una inmensa cola que se alzaba y balanceaba con la marea mientras el viento del Este levantaba un fuerte y continuo oleaje a la entrada del puerto.¿Qué es eso? -preguntó la mujer al camarero, y señaló el largo espinazo del gran pez, que ahora no era más que basura esperando a que se la llevara la marea.-Tiburón -dijo el camarero-. Un tiburón.Quería explicarle lo que había sucedido.-No sabía que los tiburones tuvieran colas tan hermosas, tan bellamente formadas.-Ni yo tampoco -dijo el hombre que la acompañaba.Allá arriba, junto al camino, en su cabaña, el viejo dormía nuevamente. Todavía dormía de bruces y el muchacho estaba a su lado contemplándolo. El viejo soñaba con los leones.

Ernest Hemingway: El Viejo y el Mar.