Mostrando entradas con la etiqueta miembra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miembra. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de junio de 2008

Visto,Oído, Leído

La ministra de Igualdad Bibiana Aído Almagro cometió el desliz de decir miembros y miembras, y por ello ha sido reprendida por miembros de la R.A.E. y por un innumerable número de lingüistas, filólogos y otros estudiosos de la lengua española o castellano .
Y por ello vamos a ir reproduciendo algunas de estas opiniones, para, al tiempo, recabar la vuestra, amigos de Q.P. :

¿Miembra? No, quilla, no

La ministra de Igualdad ha propuesto que la RAE incluya en el diccionario académico la palabra ‘miembra’ como femenino de ‘miembro’. Bibiana Aído confunde el género con el sexo y no sólo ella, pues hasta la llamada Ley contra la Violencia de Género incluye en su nombre un eufemismo que en términos lingüísticos es ambiguo, pues género y sexo no son la misma cosa

El femenino de miembro es miembro. Así lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española y el Diccionario Panhispánico de Dudas de la Asociación de Academias de la Lengua Española, entre otros. La propuesta de Aído se fundamenta en la creencia de que las palabras que acaban en –a han de ser femeninas y las acabadas en –o, masculinas. De cualquier corpus oral o escrito del español concluiríamos que en la mayor parte de los casos es así, pero en este ámbito no por percatarnos de que tres individuos observados de la misma especie son bípedos, concluiremos que todos los miembros de la especie en cuestión tienen dos pies.

Las cosas en la lengua son más complicadas y en la vida, también. No sé por qué causa, pero aquí todos queremos ser médico, abogado, lingüista o fontanero sin haber pasado por la escuela correspondiente. En el caso de la lengua, esto se acentúa mucho más. Todo el mundo opina y ante explicaciones que son incapaces de comprender, la tozudez siempre prima. Concluyo, pues, que la gente, en contra de lo que se cree, se tiene en muy alta estima.

En el caso concreto que nos atañe, Bibiana Aído confunde sexo con género. Las cosas en la vida, en la realidad, tienen sexo o no. En particular, la mayor parte de los seres vivos perceptibles pertenecen a especies con sexo, como la nuestra. De ahí que haya sexo mujer o hembra o sexo varón o macho, con independencia de las tendencias sexuales y demás, ya que aquí hablo en términos estrictamente anatómicos y biológicos. Por su parte, las cosas no tienen sexo. ¿Dónde tienen la picha un martillo, un coche o un puente? No haría falta decir que tampoco tienen sexo mesa, moto o farola. Sin embargo, en la lengua estas palabras que carecen de sexo en la realidad, son sustantivos masculinos y femeninos, respectivamente. Por tanto, sexo y género no es la misma cosa, por mucho que coincidan en la mayor parte de los casos donde el referente sí posee sexo.

Puestos a exigir el desdoblamiento genérico, podemos proponer que a la caballa macho a partir de ahora se le llame el caballo. Pero esa –a, con la que acaba ‘caballa’, no es una –a femenina solamente, sino que además es masculina. Dicho en términos lingüísticos, al morfo –a, esto es, la representación gráfica, le subyacen los morfemas femenino y masculino, con independencia de los problemas terminológicos que morfo y morfema implican, ya que cada escuela o autor los usa en sentidos diferentes; pero eso es otro asunto que aquí no nos concierne.

Miembro, pues, hace alusión al individuo o individua que forma parte de un grupo o una comunidad. La –o con la que acaba no es masculina, pues estamos en el nivel del habla, y lo morfológico hay que estudiarlo en el nivel de indagación y formalización lingüística de la Morfología. Por tanto, habrá que acudir al nivel de la lengua y ver en la abstracción qué genero subyace a tal forma. Aquí al morfo –o, teniendo en cuenta lo dicho más arriba, le subyacen dos morfemas de género: uno, masculino; otro, femenino.

Por otra parte, la propuesta de Aído carece de sentido, ya que en la comunidad lingüística del español, nadie usa ‘miembra’ y la labor de la Real Academia Española, lo mismo que el resto de academias, con las que la RAE consensúa todas las decisiones, no es la preceptiva, sino la descriptiva y notarial, entre otras funciones al servicio de la sociedad, como su útil y eficaz servicio de dudas lingüísticas por correo electrónico.

Aído está siendo una ministra excelente, pero en este asunto ha cometido un error que no va más allá de las risas que su propuesta provoca en los doctos en los oficios de la Lingüística y la Filología (ambas cosas son diferentes) y que forma parte de un comportamiento muy habitual en los profanos en la materia. Esto debería hacernos reflexionar sobre la importancia de tener claro lo que uno no es, más allá de lo que uno cree ser. Por eso, a Bibiana Aído habrá que decirle, en la misma línea en la que se ha expresado su veterano compañero de partido, Alfonso Guerra, ‘zapatera, a tus zapatos’.


*Ígor R. Iglesias es periodista y lingüista

e-mail : quintopretoriano@gmail.com