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domingo, 14 de diciembre de 2008

Neologismos y Americanismos (B)- RICARDO PALMA

Neologismos y americanismos
de Ricardo Palma

B

 

BACHICHA.—Llamamos así al italiano de baja ralea, como gringo al inglés, gavacho al francés y chápiro o chapetón al español.

BARCHILÓN, A.—Persona contratada para cuidar enfermos en los hospitales. Esta palabra es hija del agradecimiento popular, pues se ha querido perpetuar con ella el recuerdo de un caritativo español, apellidado Barchilón, que vivió en el Perú en el siglo XVI. La palabrita tiene ya fecha de existencia, y se ha generalizado en América, con tanta mayor razón cuanto que, en el Diccionario, no hay vocablo para designar a los enfermeros de hospital.

BADULACADA.—Acción propia de un badulaque.

BADULAQUEAR.—Hacer badulacadas,

BAGRE.—Pez que se encuentra en algunos ríos de América. Figuradamente se aplica este nombre a la mujer fea y despreciable.

BAQUIANO.—Conocedor, práctico, guía que contratan los viajeros. La voz la traen historiadores de Indias.

BIENINTENCIONADO, A.—Hallándose en el Diccionario malintencionado (dice el ingenioso doctor Tebussem) no alcanzo razón para haber omitido este adjetivo. En una cita, que del Quijote hace, figura bienintencionadamente.

BOLETO.—Lo que la Academia llama boleta.- También damos el nombre de boleto a una excepción, firmada por la autoridad, para libertarse del servicio militar.

BOLETE RÍA.—Lugar donde se venden los boletos para ocupar asiento en un tren, teatro, plaza de toros, etc.

BOMBONAJE.—La paja especial que se encuentra en muchos afluentes del Amazonas, y que sirve para la fabricación de los sombreros llamados de jipijapa, sombreros, hasta hace poco, muy estimados y valiosos.

BRAGUETA.—Hablar como el gigante por la bragueta, decimos por el que desatinadamente repite conceptos ajenos. La locución nació de que, en la festividad del Corpus, se exhibían figurones de más de tres varas de altura, y la voz del hombre que iba dentro de la armazón salía por la bragueta. Aunque el Diccionario trae la palabra, falta la frase popular muy generalizada.

BRIN.—Tela gruesa y fuerte que, entre otros usos, se emplea para pantalones de marineros y soldados.

BUROCRACIA.—La colectividad de empleados en las oficinas.

BUROCRÁTICO, A.—Oficinesco.- Admitida sin gran necesidad, como lo prueba Baralt, la palabra buró, no hay, por qué rechazar sus derivadas. En España las empleó, en uno de sus discursos en el Congreso Literario, el notable orador Canalejas y Méndez. También hay que convenir en que hoy, sólo la gente que hojea libros viejos tiene noticia de los vocablos covachuela y covachuelista. Tal es el desuso en que han caído.

Tradiciones en salsa verde - RICARDO PALMA


Tradiciones en Salsa Verde

de

Ricardo Palma

lunes, 8 de diciembre de 2008

Neologismos y Americanismos (A) de RICARDO PALMA


Neologismos y americanismos
de Ricardo Palma


ABARRAJARSE.—Resbalar y caer de bruces.- Lanzarse en la vida 
ABARRAJADO, A.—Cuando decimos fulano es un abarrajado expresamos que es un hombre cargado de vicios, un truhán.- Fulana es una abarrajada, entiéndase una meretriz.

ABRACAR.—Lo que el Diccionario llama abrahonar. Tenemos el refrán quien mucho abraca mucho aprieta, cuya significación es distinta de la del refrán español abarcar mucho y apretar 

ABSOLVENTE.—En nuestro lenguaje jurídico designamos con esta voz al que absuelve posiciones. La Academia trae, como anticuado, el vocablo absolviente, y ha olvidado considerar absolvente.

ACAPARAR.—Tener el monopolio de algo o, por lo menos, reunir la mayor cantidad posible de un artículo.

ACAPARADOR, A.—La persona que acapara.

ACÁPITE.—Decimos, en todas las repúblicas de América, por lo que los españoles llaman punto y aparte. Sería imposible desterrar del uso esta voz, sobre todo entre tipógrafos y periodistas.

ACASERARSE.—Encariñarse, acostumbrarse a ser parroquiano o comprador en determinado establecimiento.

ACASERADO, A.—Parroquiano habitual.

ACCIDENTADO, A.—La Academia no admite, entre las acepciones de esta voz, el que se aplique a los terrenos sinuosos o de variada formación geológica. Y sin embargo, en muchos escritores españoles contemporáneos, principalmente cuando tratan de campañas militares o discurren sobre temas de ingeniatura y geografía, encontramos la locución terreno accidentado, de general uso en América.

ACRIOLLARSE.—Adquirir un extranjero los hábitos de la gente del país, convertirse en criollo.

ACRIOLLADO, A.—El que ha llegado a apropiarse las costumbres criollas.

ACEITILLO.—El aceite perfumado que sirve para usos del tocador. En América, dejamos el aceite para la cocina.

ACHOLADO, A.—El que tiene color de indio (cholo, en el Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Paraguay).- El que se corre, intimida o avergüenza.

ACHOLARSE.—Correrse, avergonzarse.

ADEFESIERO, A.—Persona que dice o hace disparates y tonterías.- También se aplica a las que visten exagerando la moda o apartándose mucho de ella.

ADULÓN, A.—En el adulador cabe algo de lisonjero y cortesano. En el adulón hay solo bajeza. Amunátegui Reyes exhibe una cita de Pereda para comprobar que el vocablo se conoce también en España.

ADULETE.—El adulón sobre ruin ridículo.

AGIGANTAR.—Núñez de Arce ha usado este verbo en su Visión de fray Martín, y según citas de Amunátegui Reyes también lo han empleado Bello, Revilla y Pérez Galdós.

AGREDIR.—Acometer, atacar. A pesar de que no contraría la índole de la lengua, como que la voz viene del agredire latino, la Academia rechaza este verbo de uso constante en la jurisprudencia americana.

ALBAZO.—Saludo matinal que, con música, vivas y cohetes, se hace a una persona el día de su cumpleaños, o a un santo en la puerta del templo en que ha de celebrarse su fiesta.

ALTERNABILIDAD.—La acción de alternar.

ALTERNARLE.—Lo que admite alternabilidad. Esta voz, aunque de saborcito francés, se encuentra en la real cédula llamada de la Alternativa sobre elección de prelados.

AMANCAY.—(Del quechua) Flor amarilla, parecida a la azucena, que se produce en algunos cerros del Perú.

AMANSADOR, A.—El que doma, domestica o amansa un animal.- El que en una reyerta apacigua los ánimos.

AMOLAR.—En la acepción de fastidiar o de ocasionar perjuicio.- ¡Qué amolar! ¡No amuele la paciencia! ¡Me amoló! son locuciones que, aunque vulgares, están generalizadas.

AMORDAZAR.—Poner mordaza. Figuradamente decimos amordazar la prensa, cuando los gobiernos ponen trabas a la libertad de escribir.- Zorobabel Rodríguez opina, por razones de analogía, que debe decirse enmordazar; pero el uso constante ha impuesto amordazar como, tratándose de buques, acorazado y no encorazado.

ANACO.—(Del quechua) La Academia dice que es un peinado de las indias de sud-América. La definición académica es errónea. El anaco es la pollera o falda que usan las indias.- Cusma, es la camisa.- Lliclla, es la manta.

ANDINO, A.—Lo que se refiere a la cordillera de los Andes, como volcán andino, nieves andinas, etc. También los adjetivos cisandino y trasandino son de uso generalizado en América.

ANEXIONISTA.—Partidario de la anexión.

ANTE.—Bebida alimenticia y muy refrigerante, hecha con frutas, vino, canela, azúcar, nuez moscada y otros apéndices.

APACHETA.—(Del quechua) Montón de piedras que colocan los indios en las altiplanicies andinas como ofrenda gratulatoria a la divinidad. Por varios cronistas de Indias se encuentra empleada la voz.

APERO.—El conjunto de prendas que sirven para ensillar un caballo.

APLOMO.—Serenidad, sangre fría.

APUNARSE.—Sufrir el fatigoso malestar propio de las frigidísimas punas de los Andes, dolencia que, en ocasiones, produce la muerte del viajero.

ARRANQUITIS.—La pobreza extrema, la miseria.- Padecer de arranquitis crónica dícese por quien no tiene probabilidad de mejorar su mala situación.

ARENILLERO.—Lo que llaman salvadera en España, Voz no usada en América.

ARREADOR.—No es sólo el que arrea el ganado sino también el látigo, fusta o huasca que emplea.

ARIRUMBA.—(Del quechua) Una flor que los indios estiman como propia de los cementerios.

ASOROCHARSE.—Sufrir del soroche en las cordilleras andinas. Es dolencia tan grave como la de apunarse, siendo distinta la causa que las origina.

ATRENZO.—Conflicto, apuro, embarazo, dificultad. Este vocablo lo encontramos en escritores americanos del siglo XVII. Quizá es voz castellana olvidada en España, y que nosotros hemos conservado.

ATÁVICO, A.—Trayendo el Diccionario el sustantivo atavismo, no hay por qué excluir adjetivo tan usado.

AUTOCTONÍA.—Mutatis mutandis, repetimos el concepto anterior. El Diccionario sólo trae autóctono.

AUTONOMISTA.—Partidario de la autonomía.

AVINCA.—(Del quechua) Zapallito más fino y estimado que el grande y, en la forma, parecido a la calabaza.

AYRAMPO.—(Del quechua) Planta tintórea originaria de América.

Tradiciones peruanas : (Octava y última serie) -RICARDO PALMA


Tradiciones peruanas

Octava y última serie
Ropa apolillada

de

Ricardo Palma

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Índice

Despedida

El motín contra Gasca

Contra pereza diligencia

Una partida de palitroques

El caballo de Santiago apóstol

Los amores de San Antonio

El hijo de la dicha

Niñería de niño

Los que están a la mira

Un virrey casamentero

Las clarisas de Guamanga

El patronato de San Marcos

Los ratones de fray Martín

En qué pararon unas fiestas

La honradez de una ánima bendita

Los panecitos de San Nicolás

De cómo se casaban los oidores

El quitasol del arzobispo

Una elección de Abadesa

El inca Bohorques

Lavaplatos

Dos excomuniones

Simonía

¿Quién es ella?

A cuál más santo

El virrey limeño

Un incorregible

Voltaire chiquito

Mujer-hombre

Garantido, todo lino

Un zapato acusador

Loco o patriota

La custodia de Boqui

Una genialidad

Un general de antaño

Metereología

Al pie de la letra

La proeza de Benites

Una misa de aguinaldo

Los jamones de la Madre de Dios

La conga

Los buscadores de entierros

Los macuquinos de Cuspinique

Refranero limeño

Respuesta a dos preguntones

El médico inglés

La pantorrilla del comandante

La daga de Pizarro

Inocente gavilán

Pico con pico y ala con ala

Las justicias de Cirilo

La maldición de Miller

El abogado de los abogados

León de Hoyos

sábado, 6 de diciembre de 2008

Neologismos y Americanismos de RICARDO PALMA (VII)

Neologismos y americanismos
de Ricardo Palma



- VII -

Eran poco más de trescientas cincuenta las palabras anotadas en mi cartera, las que intentaba ir, poco o poco, proponiendo para discusión. Esa relación se limitaba a apuntar las voces y definirlas muy a la ligera, advirtiendo que no consideraba voz alguna que no fuera de uso generalizado en tres repúblicas, por lo menos.

Hoy, al publicarla, he añadido rápidas apreciaciones, y aun más de cuarenta vocablos, teniendo a la vista el Diccionario de chilenismos de Zorobabel Rodríguez, el de peruanismos por Juan de Arona, el río-platense de Daniel Granada, y los trabajos lingüísticos de los Cuervo, Baralt, Irisarri, Seijas, Armas, Batres Jáuregui, Pablo Herrera, Pedro Fermín Cevallos, Amunátegui Reyes, Eduardo de la Barra, Tomás Guevara y otros muchos filólogos americanos.

¡Y qué razones, Dios de Israel! ¡las que oí alegar contra la admisión de algunas voces!

Las razones más culminantes eran -ese vocablo no hace falta o ese vocablo no lo usamos en España- como si porque en América no se han aclimatado el sustantivo ponencia ni el verbo empecer, palabras muy castizas y de las que gran derroche hicieron los oradores en los Congresos colombinos, debiéramos nosotros condenarlas.

Después del rechazo de una docena de voces por mí propuestas, me abstuve de continuar, convencido de que el rechazo era sistemático en la mayoría de la corporación, excepción hecha de Castelar, Campoamor, Cánovas, Valera, Castro Serrano, Balaguer, Fabié y Núñez de Arce, que fue el paladín que más ardorosamente defendió la casticidad del verbo dictaminar.

Así, por razón de capricho erigido en sistema o por espíritu anti-americano, he llegado a explicarme el porqué nunca la Academia tomara en seria consideración los diccionarios de Zorobabel Rodríguez, Juan de Arona y Daniel Granada.

Ese exclusivismo de la mayoría académica importa tanto como decirnos:

Señores americanos, el Diccionario no es para ustedes. El Diccionario es un cordón sanitario entre España y América. No queremos contagio americano. Y tiene razón la Real Academia.

Cada cual en su casa, y Dios con todos.

Lima.- Febrero de 1895.

Tradiciones peruanas (Septima serie) - Ricardo Palma


Tradiciones peruanas

Séptima serie
(Ropa vieja)

de

Ricardo Palma
Miembro Correspondiente de las Reales Academias Española y de la Historia, y Director de la Biblioteca Nacional de Lima

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Índice

La primera campana de Lima

Sastre y sisón, dos parecen y uno son

Barchilón

Pasquín y contrapasquín

La mina de Santa Bárbara

El rosal de Rosa

Los mosquitos de Santa Rosa

El capitán Zapata

Refranero

Motín de limeñas

Un libro condenado

La gran querella de los barberos

El alacrán de fray Gómez

El tío Monolito

Los Barbones

La victoria de las camaroneras

Un fraile suicida

Las cuatro PPPP de Lima

El castigo de un traidor

Los pasquines de Yauli

De cómo un príncipe fue alcalde en el Perú

Callao y Chalaco

Un alcalde que sabía dónde le ajustaba el zapato

De menos hizo Dios a Cañete

El pleito de los pulperos

Los pacayares

El conde de la Topada

La tradición del himno nacional

Una ceremonia de Jueves Santo

El retrato de Pizarro

El garrote

Las brujas de Shulcahuanga

La apología del pichón palomino

No se pega a la mujer

El clarín de Canterac

Un ventrílocuo

El secreto de confesión

La Protectora y la Libertadora

Córdoba

El rey de los camanejos

Ir por lana y volver trasquilado

Un despejo en Acho

La Salaverrina

Historia de un cañoncito

La conspiración de capitanes

Francisco Bolognesi

Un Maquiavelo criollo

lunes, 10 de noviembre de 2008

Neologismos y Americanismos de RICARDO PALMA (VI)


Neologismos y americanismos
de Ricardo Palma



- VI -


Propósito muy hispanófilo fue, pues, el que me animó cuando, en las juntas académicas a que concurrí, empecé proponiendo la admisión de una docena de vocablos de general uso en América.

Yo anhelaba que las fiestas del Centenario tuvieran significación práctica, revelando que España armonizaba tanto con nosotros que, si no admitía como suyos nuestros neologismos, por lo menos no los despreciaba como argentinismos, colombianismos, chilenismos, peruanismos etc., etc.

Cuando se crearon las Correspondientes en América, todos presumimos que la Academia madre se proponía asociarnos a su labor, para que contribuyéramos con el caudal de voces que, suficientemente estudiadas por nosotros, estimáramos de precisa o conveniente admisión. El desengaño ha sido tosco; y para no continuar siendo corporaciones de relumbrón, dos de las Academias americanas, sin ruido, cambio de notas, ni alharacas, se han declarado cesantes.

«Es empresa poco menos que imposible (dice el académico señor García Ayuso, en su discurso de incorporación) desterrar las voces que han recibido la sanción del pueblo soberano».


Y tan fundada es la afirmación del señor García Ayuso que aunque la Academia, en la última edición de su Diccionario, ha eliminado una de las acepciones de la palabra jesuita, no por eso ha conseguido, ni conseguirá, desterrarla del uso. La razón es que el pueblo soberano no hace política cuando habla, ni entiende de contemporizaciones partidaristas.

Y ya que he citado en apoyo de mis ideas la autoridad de un académico, no quiero concluir sin copiar palabras de otro ilustradísimo lingüista, también académico de la Española, don Eduardo Benot, que en su libro Acentuación castellana, escribe:

«La Academia tiene que obedecer a una autoridad inapelable, que es la del uso, supremo legislador en materia de lenguaje; y yo no creo que exista en la Academia autoridad bastante para dar o quitar la ciudadanía a las voces y a las locuciones».