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miércoles, 8 de octubre de 2008

Sonetos de José Cadalso

De la timidez natural de los hombres
de José Cadalso

¡A cuánto susto el cielo te condena,
oh género mortal, flaco y cuitado!
Se espantan unos en el mar salado
y tiembla otros cuando Jove truena.

Otros si el eco del león resuena,
otros cuando el magnate está irritado,
otros cuando en la cárcel han pasado
días y noches tristes con cadena.

Yo sólo discurrí no temblaría
al trueno, ni al león, ni al poderoso,
ni a la prisión, ni a todo el orbe entero.

Mas se engañó mi débil fantasía:
el rostro de mi Filis desdeñoso
me cubre de terror, temblando muero.


Probando que la ausencia no siempre es remedio contra el amor
de José Cadalso

Cuatro tomas de ausencia recetaron
a un enfermo de amores los doctores;
el enfermo sanó de sus amores,
y los doctores sabios se mostraron.

Otros mil ejemplares confirmaron
de la nueva receta los primeros;
los astros conocieron mis dolores,
y sin duda sanarme proyectaron.

Me dieron de recetas tan divina
cincuenta tomas (que tomé con tedio),
pero más me agravó la medicina,

pues tan opuesto al fin fue aqueste medio,
que agonizando mi alma, se imagina
me matará el remedio sin remedio.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El estilo lo es todo:


Aún no me hallo capaz de obedecer a las nuevas instancias que me haces sobre que te envíe las observaciones que voy haciendo en la capital de esta gran monarquía. ¿Sabes tú cuántas cosas se necesitan para formarte una verdadera idea del país en que se viaja? Bien es verdad que habiendo hecho diversos viajes por Europa, me hallo más capaz, o por mejor decir, con menos obstáculos que otros africanos; pero aun así he hallado tanta diferencia entre los europeos, que no basta el conocimiento de uno de los países de esta parte del mundo, para juzgar de otros estados de la misma. Los europeos no parecen vecinos, aunque la exterioridad los hay uniformado en mesas, teatros, paseos, ejércitos y lujo; no obstante las leyes, vicios, virtudes y gobierno son sumamente diversos, y por consiguiente las costumbres propias de cada nación.
Aun dentro de la española hay variedad increíble en el carácter de sus provincias. Un andaluz en nada se parece a un vizcaíno; un catalán es totalmente distinto de un gallego; y lo mismo sucede entre un valenciano y un montañés. Esta península, dividida durante tantos siglos en diferentes reinos, ha tenido siempre variedad de trajes, leyes, idiomas y monedas… De esto inferirás lo que te dije en mi última sobre la ligereza de los que por cortas observaciones propias, o tal vez sin haber hecho alguna, y sólo por la relación de viajeros poco especulativos, han hablado de España.
Déjame entrar bien en su historia, leer sus autores políticos, hacer muchas preguntas, muchas reflexiones, apuntarlas, repasarlas con madurez, tomar tiempo para cerciorarme en el juicio que me formé de cada cosa, y entonces prometo complacerte. Mientras tanto no te hablaré en mis cartas sino de mi salud que te ofrezco, y de la tuya, que deseo completa, para enseñanza mía, educación de tus nietos, gobierno de tu familia y bien de todos los que te conozcan y te traten.

José Cadalso (1741-1782): Cartas marruecas