Mostrando entradas con la etiqueta sagitario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sagitario. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de diciembre de 2008

Oliverio Reynés :"Pais de Sagitario"


       La verdad no la sabremos nunca. Vivimos en un país de Sagitario: todos sabemos cómo las gastan los de ese signo zodiacal. Contradictorio, apasionado, individualista furibundo, devoto de sus mitos y, a la vez, iconoclasta, el español va por la vida pegando mordiscos con una suerte de mística vesania. Un subliminal sadomasoquismo pone la guinda al pastel. Los extranjeros, cuando nos ven tan mal avenidos, tan atrabiliarios, tan torpones, tan apesadumbrados por injusticias reales o inventadas,  quédanse de una pieza. Tanta rabia y entusiasmo aplicados a la labor fecunda de la propia creación, a la entrega silenciosa al relato o al poema, a la lucha con el ingrato folio en blanco que nos llama con su más taimada voz de súcubo o sirenio, daría estupendos frutos. Pero, ¿y la dulzura de la derrota, sobre todo cuando ésta se la podemos arrojar a la cara, como boñiga caliente, al supuesto culpable?

       En esta España del año dos mil ocho se lee poco todavía, se escribe a contracorriente y en perpetuo estado de irritación, se publican bastantes cosas prescindibles que no debieron darse a la imprenta. Se llora escribiendo. Se escribe llorando. Y, a pesar de estos gerundios, miles de españolitos se empeñan en hacer inalienables sus vocaciones literarias. Quizás el inconsciente colectivo nos empuja, por eso de que somos una raza ceñuda y desabrida, a empeñarnos en empresas difíciles, a nadar en aguas turbulentas, a curar nuestros juanetes en los maratones. ¡Somos tan encantadoramente irracionales! Pero sería cosa buena llorar un poco menos, gruñir escasas veces, morder únicamente cuando lo exija el guión. ¡Si alguien diera con la fórmula…!

                   Oliverio Reines (Blog)

sábado, 6 de diciembre de 2008

Sagitario

Son tiempos de Sagitario y España es sagitario: así se explican bastantes cosas. Y diciembre nos abre sus zaguanes tan fríos, después de ir despojando a los arbolitos, uno por uno, del adorno otrora verde de sus ramas, ya de un oro frágil y llovedizo. Pero diciembre es el mes de los niños; estos reyes del hogar tendrán su regalo de Papá Noel, de Reyes Magos y, en el País Vasco, de ese carbonero ebrio y de roja nariz que por aquí llaman Olentxero, personaje, por cierto, poco afortunado como modelo regional.

            Los niños, ahora, gozarán, con sus mil y un juguetes: sus play stations, sus miniordenadores, sus juguetes robotizados, sus muñecas que hacen pises y cacas, y otras maravillosas pendejadas, fruto todas ellas de la imaginación y de la codicia de los jugueteros. En los lejanos cuarenta y tantos, servidor se hacía un autobús -la Roncalesa- con una caja de cartón que se adornaba, al carboncillo, con ventanillas y ruedas. Una lid servía de tracción. ¡Qué juguete tan fantástico; y cuántas horas empujándolo por los resaltes de la casa, imitando con la boca el ruido del motor de explosión o el bufido del gasógeno!... Y cabe preguntarse: “¿Quiénes son más dichosos?; ¿quiénes son más felices?”. Desconozco si todavía responderá aquel melifluo fauno de la poesía, pero los flaquitos niños de la posguerra nos lo pasábamos pipa.