Hay palabras que tienen su origen en un nombre propio. Son los epónimos.

Si una persona dice que está presenciando un espectáculo dantesco, quiere decir que lo que contempla es grandioso, terrible o espantoso. El citado término es un homenaje de la lengua viva al escritor Dante Alighieri (1265-1321), quien escribió La Divina Comedia, obra que comienza con una descripción del infierno. En Q. P. aconsejamos su uso moderado, por cuestión de salud, nada más, que la simple mención del averno en nuestra invernía nos conturba.

No es sinónimo de kafkiano, término surgido en honor Franz Kafka (1883-1924). Lo kafkiano no es dantesco, ni quijotesco. Tampoco es charlotada.
La palabra chovinismo está muy enraizada en la cultura francesa. Significa “patriotismo exacerbado”.Nicolas Chauvin fue un comerciante que, en sus ratos libres, solía representar a un veterano de guerra de Napoleón. Su devoción exagerada y exasperada hacia el Emperador originó, en sentido peyorativo, el término.
La palabra fucsia se la debemos al botánico alemán Leonhard Fuchs (1501-1566), que trajo de América un arbusto de color rojizo y, aprovechando el viaje, lo bautizó con su nombre.

El verbo linchar, que significa una práctica que no recomendamos desde Q. P., proviene de un juez de Virginia llamado Charles Lynch, que adquirió la costumbre de ajusticiar a “supuestos” malhechores sin juicio, por el método de subirlos maniatados a un caballo, anudar una cuerda alrededor de su cuello y atar el otro extremo a la rama sana de un árbol. Se asustaba al caballo, el animal salía al galope y el acusado moría ahorcado.

El instrumento conocido por guillotina fue un invento del doctor Guillotin (1738-1814), revolucionario que quiso humanizar el acto de ejecutar a los condenados a muerte. Era contrario a la pena capital. En algunos libros “supuestamente” históricos se afirma que murió víctima de su propio invento, lo cual no deja de ser mentira propagada con intenciones chistosas o irónicas.
El político Molotov (1890-1986) dio nombre a una bomba de mano rudimentaria o “cóctel molotov”, utilizada por los finlandeses en su guerra contra los soviéticos (1939-1940). Fue un arma tan efectiva que los soviéticos, más tarde, la utilizaron en abundancia contra los invasores alemanes. La leyenda patria afirma que los finlandeses aprendieron su fabricación de los milicianos españoles en la guerra civil. La historia del término cursi es un tanto curiosa. Hubo una familia francesa de apellido Sicur que vino, a principios del siglo XIX, a vivir a la ciudad de Cádiz. Debían de ser tan presumidos que, enseguida, se convirtieron en objeto de chirigota de los gaditanos, propensos al retruécano, al trabalenguas y a la paradoja. Invirtiendo el apellido, obtuvieron el adjetivo, el cual, hoy en día, ha tomado un carácter despectivo, más que irónico.
El calificativo sádico es gentileza del marqués de Sade (1740-1814), escritor, erotómano y libertario. Pero que nadie diga que un sádico es, a su vez, masoquista y narcisista. Lo podrían llevar a un laboratorio, a estudiarlo. O entraría, sin oposición, en la redacción de Q. P.
