domingo, 14 de diciembre de 2008

El estilo lo es todo :"La loba" (Francisco Gaviria)

    La loba

 

       Es Cacaotique, que modernamente se pronuncia y escribe con toda vulgaridad Cacahuatique, un pueblo encaramado en las montañas de El Salvador, fronterizas a Honduras. Por allí nació el bravo general don Gerardo Barrios, que, siendo Presidente de la República, más tarde se hizo en Cacahuatique una finca de recreo, con dos manzanas de rosales y otras dos de limares, un cafetal que llegó a dar 900 sacos, y una casa para recibir a la Presidenta, mujer bella y elegante por extremo. Un vasto patio de mezcla, una trilla y una pila de lavar café; una acequia que charlaba día y noche al lado de la casa, todo construido en la pendiente de una colina, arriba y de modo que se dominaba de allí las planicies, los valles y vericuetos del cafetal cuando se cubría de azahares; la montaña muy cerca en que se veían descender por los caminos, casi perpendiculares, a los leñadores con su haz al hombro; por otro lado, montes; por otro, un trapiche, a tiempos moliendo caña, movido por bueyes que daban vuelta en torno suyo, a tiempos enfundado en un sudario de bagazo, solitario y silencioso bajo un amate copudo; más allá cerros magníficos, uno de los cuales estaba partido por la mitad; limitando la finca, una hondonada en cuyo abismo se enfurecía un torrente, lanzando ahogados clamores; aire frío, cielo espléndido, y cinco o seis muchachas bonitas en el pueblo; estos son recuerdos de la infancia.

 

       Mi padre compró la finca de la viuda del Presidente, y dejando a San Miguel vivimos en ella por tres años. Yo tendría entonces unos ocho. Algo más quisiera escribir sobre aquel pueblo, pero no hay tiempo; no dejaré de mencionar, sin embargo, uno de los más soberbios espectáculos que pueden verse. Desde la plazoleta del Calvario se ve extenderse un valle de diez o doce leguas de anchura. Por él pasaban otro tiempo, formando selvas de picas, carcaj al hombro, las huestes innumerables de Lempira. En el fondo del valle se ve arrastrarse el Lempa, como un lagarto de plata. El un lado del río, hasta San Salvador, se llamó Tocorrostique; el otro lado, hasta San Miguel, se llamó Chaparrastique. Más allá del valle se extiende el verde plomizo de las selvas de la costa; y más allá, como el canto de un disco, la curva azul de acero del pacífico. Un cielo tempestuoso envuelve con frecuencia en las nieblas de un deshecho temporal el gigantesco panorama. Como el valle se extiende hasta el mar, desde el mar vienen aullando los huracanes, por espacio de cincuenta leguas, a azotar los liquidámbores de la montaña de Honduras. Por eso habréis oído decir que alguna vez el viajero que pasa la altura de Tongolón, desde donde se ven los dos océanos, derribado por el viento furioso, rueda por los precipicios horribles.

                 Francisco Gaviria (1864 – 1955)

 

       Nacido en la ciudad de San Miguel, el salvadoreño Gaviria fue ensayista, cuentista, poeta e historiador. Amigo de Rubén Darío. También, miembro de la Real Academia Española y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional. Entre sus obras: Versos (1884), Poemas y Teatro lírico (1913), y Cuentos de marinos (1947).