miércoles, 6 de agosto de 2008

Visto, Oído, Leído

  • Llegó el mes de la alegría, de los viajes y las excursiones. Nosotros, o sea Q.P., se queda aquí, en Donostia: “nuestra canción, nuestra cuna, nuestra palabra”, que dijera aquel gran santanderino llamado Gerardo Diego. De esta forma, ustedes, si se lo permiten las circunstancias, que, por supuesto, serán gozosas, podrán leernos y colaborar, si les apetece, pues este Quinto Pretoriano quiere ser un blog de colaboraciones. ¡Que lo pasen muy bien, amigos, pero acuérdense de nosotros.
  • Leemos en un periódico de reparto nacional la siguiente noticia: Detenida tras hallar a su recién nacido enterrado en una finca... Redactado así, parece que la que halla a su bebé en la finca es su propia madre; y no. La ambigüedad se hubiera evitado titulando: “Detenida tras ser hallado, enterrado en una finca, su recién nacido”. Queda claro que ella no tenía ningún interés en encontrarlo, pero sí la policía.
  • Santiago y Santa Ana cumplieron, nos han traído los tres días más calurosos del año. Cierto es que siempre lo hacen, que muy pocas veces renuncian a patentizarnos la canícula o, como siempre escribía Juan Ramón Jiménez, el estío. A partir de ahora ya empieza a declinar la luz, anochece una miajita más pronto y las hojas de los plataneros, algo exangües, dan fe de que estamos en el cenit del verano.
    Y hablando de Santiago (patrón de las Españas, no lo olviden), recuerdo que de chavalines le llamábamos “Santiago mata-moros”. Eso de matar moros parece que estuvo bien para salvar a la Cristiandad, pero hoy aterroriza a la progresía, que quita las cabezuelas negras de algunos estandartes para que no se diga y para que no se note. Santiago el venerable, ha cambiado la espada de dos filos por esa esclavina plateada -era hombre de anchos hombros- que abrazamos cuando caemos por Santiago y, naturalmente, nos dejan solos con el apóstol.
    Ana no mató a nadie. Se limitó a cuidar de su esposo Joaquín y a traer al este mundo a la Virgen, madre de Jesús.
    Hubo, eso sí, un Santa Ana (que algunos escriben todo junto) gracias al cual podemos emocionarnos mucho viendo las diversas versiones de El Alamo… Antonio López de Santa Ana, nacido en Jalapa en 1791, luchó contra Iturbide y contra España, y llegó a presidente de la República de Mexico. Combatió a los norteamericanos y a los franceses, con fortuna diversa; ocupó El Álamo en marzo de 1836 -donde murió Crocquett- y llegó a asumir el cargo de alteza serenísima. Mas la suerte es tornadiza; fue desterrado y, al final, murió en México en 1876. Todo un personaje para García Márquez.
  • Y Q.P. felicita a Carlos Sastre, ese ciclista menudito que siempre estaba ahí, con los mejores, pero al que nunca le caía un premio gordo, y ya lo tiene. Es un tipo advertido, prudente, de poco gancho para la prensa o las admiradoras, casi solemne en su timidez.
    ¡Te queda futuro, Charly, castellano viejo, ánimo y a por más!