domingo, 17 de agosto de 2008

Visto, Oído, Leído

  • Los Juegos de Pekín nos están dando, además de medallas, ocasión para comentar algunas incorrecciones gramaticales. En la retransmisión de la pugna de esgrima entre un tirador español -Pirri- y su contrincante italiano, la entusiasmada comentarista repitió varias veces, dándole ánimos: ¡Vamos, alante! ¡Alante! La sustitución de “adelante” por alante es una tremenda vulgaridad, si bien se oye mucho y, hay que lamentarlo, en el habla coloquial.
  • Por la noche, otra señorita nos aseguró que el medallista norteamericano que batió el record del mundo en determinado estilo tenía un nado poderoso. Hemos consultado nuestros diccionarios, para comprobar que nuestro sobresalto se debía sólo a ignorancia. Existe “nado”como acción de nadar, igual que se dice “a nado”, o sea, moviendo los bracitos y las piernecitas.
  • Por cierto, el ordenador me señala “piernecitas” como término desconocido, y me admite piernitas. También me da como falta “lengüecita”, y me admite lengüita. Me enfadaré con él.
  • Quien retransmitía la otra noche las pruebas de natación, conocido periodista, se dejó decir que la española había conseguido el catorceavo mejor tiempo. Este error es muy común; lo correcto hubiera sido “el decimocuarto mejor tiempo”. Uno no sube al catorceavo piso, pero sí podrá comerse la catorceava parte de la tarta. Escuchemos lo que dice una máxima autoridad, don Manuel Seco: “Avo es un sufijo que se une a un numeral e indica el número de partes en que se divide tal unidad, de las cuales se nombra una” ¿Queda claro?
  • Con verdadera exaltación, una señorita encargada también de retransmitir las series natatorias, aseguró cinco o seis veces que aquello era una pasada. No reprobamos esta fórmula, tan en boga entre los jóvenes, pero sí nos molesta la insistencia, la repetición, la falta de recursos o la incapacidad para hallar otros sinónimos. Que no nos ocurra lo que sucede con súper y con mogollón. ¡Libéranos, Dómine!
  • Pero lo que resulta absolutamente inadmisible es que talludos, expertos y bien pagados locutores/as y presentadores/as insistan en soltarnos ese disparate de punto y final. Se dirá “punto final”, sin la y griega, y de esta forma “final” desempeñará su labor adjetiva, no substantiva. ¿Para qué quieren los profesionales las gramáticas, los diccionarios de dudas y de incorrecciones? ¿Para limpiarse el trasero?
  • En muchos hogares vascos y castellanohablantes se encenderían, el diez de agosto, las alarmas al aparecer en el periódico Diario Vasco y en un gran titular lo siguiente: La reforma educativa obligará a los colegios a dar, al menos, el 60% de asignaturas en euskera. Un 20% se reservará para el castellano y otro 20% para el inglés.En realidad, se trata de un anteproyecto de ley promovido por la consejería de Eusko Alkartasuna e imaginado por su departamento de educación, y que, de llevarse a cabo, reformaría previamente la Ley de Escuela Pública Vasca de 1993 y señalaría el vascuence como vehículo de expresión normal y preferente tanto en actividades docentes como no docentes.El susto habrá dejado lívido a más de uno, pero, ¡cuidado!: aquí se trata de una lamentabilísima redacción de la noticia. La reforma educativa no obligará -puesto que no está aprobada- sino que obligaría (futuro hipotético) a asumirla, cosa esta bien distinta. Orejas de burro, pues, para el máximo responsable de un Diario que no controla debidamente la formación de sus redactores.Quizás, un día, esta medida con tintes totalitarios se imponga en el País Vasco, pero de momento no obliga a nadie. ¿Tomamos un buche de aire?