martes, 18 de noviembre de 2008

Un poema de la joven poesía italiana

Y cuántas habitaciones Dios tiene en la mente

para llorar y vigilar

las especies innumerables,

las destinadas a morir,

las salvajes y rápidas, las reales.

Y cuántas cosas la naturaleza muele

que me parece imposible

recordarlas, enjambres y enjambres de astros,

constelaciones, bestias numerosas

como el impulso cardiaco del mundo.

Nada ni nadie, nada tranquiliza

respecto a tu omnisciencia,

más bien te ruego, ten

apenas piedad del pequeño perdido:

quizá te reconozca en aquel punto.


Daniele Piccini, Sansepolcro, 1972. Trad. Emilio Coco