domingo, 9 de noviembre de 2008

Ibn Hazm de Córdoba


Poemas del collar de La Paloma: 
(en orden de aparición) 

Traductor Emilio García Gómez


Te amo con un amor inalterable...

1.   De "Esencia del amor"
2.   De "Sobre las señales del amor"
3.   De "Sobre quien se enamora en sueños"
4.   De "Sobre quien se enamora por oír hablar del ser amado"
5.   De "Sobre quien se enamora por una sola mirada"
6.   De "Sobre quien no se enamora sino con el largo trato"
7.   De "Sobre quien, habiendo amado una cualidad determinada"
8.   De "Sobre las alusiones verbales"
9.   De "Sobre las señas hechas con los ojos"
10. De "Sobre la correspondencia"
11. De "Sobre el mensajero"
12. De "Sobre la  guarda del secreto"
13. De "Sobre la divulgación del secreto"
14. De "Sobre la sumisión"
15. De "Sobre la contradicción"
16. De "Sobre el que saca faltas"
17. De "Sobre el amigo favorable"
18. De "Sobre el espía"
19. De "Sobre el calumniador"
20. De "Sobre la unión amorosa"
21. De "Sobre la ruptura"
22. De "Sobre la lealtad"
23. De "Sobre la traición"
24. De "Sobre la separación"
25. De "Sobre la conformidad"
26. De "Sobre la enfermedad"
27. De "Sobre el olvido"
28. De "Sobre la muerte"
29. De "Sobre la fealdad del pecado"
30. De "Sobre la excelencia de la castidad"

1. De "Esencia del amor":

Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia,
ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
goza de una existencia que no se extingue jamás;
pero si la tiene en algo distinto,
cesará cuando cese la causa de que depende.

* * *

No hay otra causa -¿lo sabes ?- de la victoria sobre los enemigos
ni otro motivo de que huyamos, si nos hacen huir,
que la tendencia de las almas de los hombres todos
hacia ti, ¡oh perla escondida entre las gentes!
Aquellos que te siguen no se perderán jamás,
pues avanzan todos, como viajeros nocturnos, hacia tu excelsa luz,
y aquellos que te preceden sienten que sus almas les hacen torcer el rumbo
hacia ti dócilmente, y todos vuelven sobre sus pasos.

* * *

¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?
Dímelo, Porque la confusión se burla de mi entendimiento.
Veo una figura humana; pero, si uso de mi razón,
hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste.
¡Bendito sea El que contrapesó el modo de ser de sus criaturas
e hizo que, por naturaleza, fueses maravillosa luz!
No puedo dudar que eres un puro espíritu atraído a nosotros
por una semejanza que enlaza a las almas.
No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal,
ni otro argumento que el de que eres visible.
Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos
que eras la Sublime Razón Verdadera.

* * *

En él verás subsistentes todos los opuestos.
Y así ¿cómo podrás definir los conceptos contradictorios?
¡Oh cuerpo desprovisto de dimensiones!
¡Oh accidente perdurable y que no cesa!
Derribaste para nosotros los fundamentos de la teología,
que, desde que apareciste, ha dejado de ser clara.

* * *

¡Oh esperanza mía! Me deleito en el tormento que por ti sufro.
Mientras viva, no me apartaré de ti.
Si alguien me dice: "Ya te olvidarás de su amor",
no le contesto más que con la 
ene y la o.