martes, 18 de noviembre de 2008

Correo del Navegante


Blas Arruabarrena, desde Donosti, nos dice:


La fiebre del móvil es algo habitual en estos últimos años. Por curiosidad, he hecho una pequeña indagación para comprobar la frecuencia con que este aparatillo (en Italia lo llaman “telefonino”) se utiliza.

En mi recorrido, de diez a diez y cuarto de la mañana, desde la calle Vergara hasta la Avenida de Navarra, he pergeñado, durante dos semanas, una pequeña estadística. La gente que en estos ochocientos metros usa el artefacto (repito: quince minutos) me da una media de diecisiete personas. De las diecisiete, sólo una o dos suelen estar paradas, las demás hablan en marcha. El setenta y dos por ciento de los usuarios son mujeres; el resto, varones. Éstos, habitualmente, suelen hablar menos tiempo y en voz más baja. Constaté, igualmente, que, del porcentaje de mujeres, más de la mitad estaba formado por señoras o señoritas latinoamericanas, o por su aspecto lo parecían… Todo ello resulta algo curioso, ¿no?


(Gracias, Blas. Nosotros tampoco nos explicamos cómo ha podido sobrevivir la humanidad durante 2000 largos años sin ayuda del móvil. Pero lo ha hecho. Un cuadro enternecedor lo montó el otro día una ciclista muy joven; dando pedales, llevaba a una niña pequeña en la sillita trasera, dos bolsas de la compra a cada lado del manillar, y naturalmente iba hablando por el “telefonino”. Todo un alarde de destreza… De todos modos, creo que el esnobismo y el estar à la page guardan estrecha relación con esta abundancia exhaustiva de la herramienta. Para muchos resulta obvio que se es más importante ante los demás con el sobaco levantado, hablando solo y caminando apresuradamente. La gente se lo cree. A nosotros nos da un poco de risa, qué quieren ustedes. Mas el fenómeno ahí está: imparable).