martes, 18 de noviembre de 2008

Mis trajines con la boba

Escuché el otro día por la pantalla la palabra rapelado o rappelado, referida a “rápel”, la técnica que permite a los montañeros y escaladores descolgarse por los riscos con ayuda de una cuerda atada a la cintura más otra soga deslizante. He buscado en mis diccionarios; lamentablemente, no la encuentro. Queda claro que se trata de un neologismo que tendrá que esperar el visto bueno de la Real Academia. El verbo, por supuesto sería rapelar. “Rápel” es un sustantivo correcto, ya admitido, y nos parece muy bien, pero desconfiamos de su extensión al verbo.

En Latinoamérica es frecuente esta conversión. Así, el profesor de la autoescuela le dirá a su alumno: “Reduce, ensegúndalo”, o sea: “cambia a segunda”… No sabemos si prosperará esta costumbre, que ahora nos resulta tan extraña.


La cajita boba nos proporciona, de vez en cuando, profundas alegrías. La última fue la reposición de la película de Víctor Erice, El Sur. Este film es ya un clásico y se lo merece, puesto que guión, realización, puesta en escena, fotografía y protagonistas rayan a una altura meridiana. La película nos tuvo, una vez más, con el corazón en un puño desde el primer fotograma hasta el último. Hay que ver qué delicadeza la de Víctor dirigiendo, y qué melancolía nos impregna a medida que avanzan los sucesos y las imágenes. No sabemos con que situación quedarnos, pero a mí, particularmente, me emocionó esa espera del hombre -Omero Antonutti -en su alcoba de la estación, envuelto en humo de cigarrillo, mientras el tren partía y, con él, un proyecto o una salvación que jamás llegaría a cumplirse. ¡Y ese baile con la comulgante, en el Gran Hotel de Logroño, al compás del pasodoble En er mundo…!

La película es prodigiosa y, acaso, ha sido una suerte que la cinta se suspendiera a la espera de una segunda parte -la referida a Carmona- que Erice tuvo la valentía de explicarnos por primera vez.

Para mi gusto, el director donostiarra es hoy, quizás, el más sensitivo, conmovedor e inteligente de nuestros directores. Recordemos sus tres prodigios: El espíritu de la colmena (1973), El Sur (1983) y El sol del membrillo (sobre el pintor Antonio López), en 1992.

Creo que la película El Sur está inspirada en un relato de Adelaida García Morales, la bella escritora de El Sur-Bene y El silencio de las sirenas, ambas narraciones publicadas en el año 1985.