miércoles, 5 de noviembre de 2008

Colaboración : "El Cuerpo del hijo" (ROCÍO SORIA)

QuintoPretoriano tiene a bien incorporar a su espacio la colaboración de la escritora ecuatoriana Rocío Soria , cuyo perfil, según ella misma es el que sigue: 

Rocío Soria

Datos personales

Rocío Soria R. (Quito, 1979). Realizó estudios en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Ha publicado su poemario "Huella Conceptual", con el que obtuvo el Segundo Premio en el Concurso de Poesía organizado por el Departamento de Cultura de la Universidad Central del Ecuador, 2003; obtuvo también el Primer Premio en el Concurso Interuniversitario de Relato Corto organizado por la Universidad San Francisco de Quito, 2005; Premio Nacional de Poesía Fanny León Cordero organizado por la Asociación Ecuatoriana de Escritoras Contemporáneas, 2005, Medalla de Bronce en el género cuento en el Concurso de Poesía, Cuento y Ensayo organizado por la Facultad de Filosofía, Escuela de Lenguaje y Literatura de la Universidad Central del Ecuador, 2006; Primer Premio Concurso del Libro y de la Rosa organizado por la UNESCO y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2006. Ha publicado el poemario El Cuerpo del Hijo, 2008.

El cuerpo del hijo
POEMA

Ya nadie quiere cuidar de esta mano 
cuyos movimientos involuntarios han pretendido, dicen, ahorcarme.
La envuelvo
la cubro
le doy un beso en la cabecita
le arrullo
me amanezco meciéndola pero ella nunca duerme
está vigilante 
pendiente
se sobresalta al menor ruido y me araña de desesperación el pecho. 

Quiere llamar mi atención porque sabe que ya está cerca. 
Le digo que sea cautelosa pero ella es muy impulsiva.
Es peor cuando la máquina de los latidos empieza a bombear toda la noche, sin descanso
y no termina de morirse ese pitido en mis ojos 
o se vuelve a una sola hebra 
y el hombre de blanco viene con su abulia masculla algún silencio que
he olvidado
dice algo que no entiendo. 
Se acerca
se la lleva 
le muele a sondas el cuello.

Él no entiende
que ella solo pretendía advertirme.
Se la lleva. 
Estoy sola.
Miro por el estrecho agujero del parapeto común.

El hombre de la pieza seis se ha levantado
y camina descalzo hacia el fondo 
agitando la pierna como si quisiera lanzarla.

El hombre de las flores amarillas 
se golpea la cabeza contra la pared 
repitiendo la misma frase. 

El martes arañaba con la cuchara el plato vacío 
en un ritual interminable de invocación.

Ya nadie quiere atar estos cordones blancos que me crecen cuando llueve, 
nadie quiere cuidar de esta mano 
cuyos movimientos involuntarios han pretendido, 
dicen, ahorcarme. 


La envuelvo 

la cubro. 

Espero.