domingo, 5 de octubre de 2008

El estilo lo es todo : Marguerite Duras (LOS OJOS AZULES PELO NEGRO)

El silencio de la habitación es profundo, no llega ya ningún ruido de las calles, ni de la ciudad, ni del mar. La noche está acabando, por todas partes limpia y negra, la luna ha desaparecido. Ellos tienen miedo. Él escucha, los ojos mirando al suelo, ese silencio pavoroso. Dice que es la hora de la mar quieta, pero que ya las aguas de la marea ascendente se están reuniendo, que el suceso está en marcha, que va a producirse pronto ahora y que pasará inadvertido a esta altura de la noche. Que siempre le aflige que acontecimientos como éste nunca hayan sido vistos.

Ella le observa hablar, los ojos muy abiertos y escondidos. Él no la ve. Permanece con los ojos bajos mirando al suelo. Ella le dice que cierre los ojos, que enceguezca en cierto modo y la recuerde, recuerde su rostro.

Él lo hace. Cierra los ojos fuerte y largamente, como los niños. Luego deja de hacerlo. Una vez más dice:

-Cuando cierro los ojos, veo a alguien que no conozco.

Sus ojos escapan, se apartan. Ella dice: Yo estoy aquí delante de usted y usted no me ve, eso da miedo. Él habla deprisa, para taponar el miedo. Dice que también esto debe de tener relación con aquella hora de la noche, con aquel cambio del mar, que incluso ese movimiento cesará, que serán los únicos seres vivos de este lado de la ciudad. Ella dice que no, que no es eso.

De nuevo pasa mucho rato antes de que vuelvan a hablar. Ella está delante de él. Tiene el rostro desnudo, sin la seda negra. Él no levanta los ojos hacia ella. Se quedan así, sin moverse, mucho rato. Y luego ella lo deja, deja la luz, anda a lo largo de la pared. Él le pregunta por esa agitación en la playa, dice que se lo explique, que él no sabe nada, hace poco que vive en la ciudad. Ella dice que son personas que se esconden para penetrarse juntas y gozar por eso sin conocerse, ni amarse, casi sin verse. Llegan de la ciudad y de otros balnearios. Él pregunta si hay mujeres. Ella dice sí, niños también, perros, locos.


Él dice:

-El sol pasa a ras de mar.

Un charco de sol ha aparecido en la base de la pared de la habitación, llega de debajo de la puerta de entrada, es grande como una mano, tiembla en la piedra del muro. El charco vive apenas unos segundos. Su desaparición es brutal, es arrancada del muro a su propia velocidad, la de la luz. Él dice:

-El sol ha pasado, ha llegado y ha terminado, como en las cárceles.


Ella se vuelve a colocar la seda negra en el rostro. Él no sabe nada más, ni del rostro ni de la mirada. Ella llora a ligeros golpes. Dice: No es nada, es la emoción. Primero él duda de la palabra, pregunta: ¿La emoción? Luego dice para pronunciarla con sus propios labios sin interrogación alguna, sin objeto: la emoción.


Marguerite Duras: Los ojos azules pelo negro.


(Marguerite Duras nace en Vietnam, hija de franceses. En 1932 se traslada a París para estudiar Matemáticas, Derecho y Ciencias Políticas. Tienta no sólo la escritura, sino el teatro e incluso el cine (guión de Hiroshima, mon amour). En 1984 recibe el prestigioso Goncourt por El amante. Le conceden el premio Hemingway, en 1985, por la totalidad de su obra. Los ojos azules pelo negro es su obra más controvertida.)