lunes, 20 de octubre de 2008

El poema de hoy : "Sobre una tumba cándida" (Delmira Agustini)

Sobre una tumba cándida

“Ha muerto…, ha muerto”, dicen tan claro que no entiendo…
¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo…!
Tal vez fue un mal extraño tu mirar por divino,
tu alma por celeste, o tu perfil por fino…

Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas…
¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas,
y te asomaste al mundo dulce como una muerta!
Acaso tu ventana quedó una noche abierta.

-¡Oh, tentación de alas, una ventana abierta!-
¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura…
Y tus alas abrieron, y cortaron la altura
en un tijereteo de luz y de candor!

Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño,
donde ardían los vasos de rosas de cariño,
la Soledad llamaba en silencio al Horror…

¿Te acuerdas…? El arroyo fue la serpiente buena…
Fluía triste y triste como un llanto de ciego,
Cuando en las piedras grises donde arraiga la pena,
como un inmenso lirio se levantó tu ruego.

Mi corazón, la piedra más gris y más serena,
despertó en la caricia de la corriente, y luego
sintió cómo la tarde, con manos de agarena,
prendía sobre él una rosa de fuego.

Y mientras la serpiente del arroyo blandía
el veneno divino de la melancolía,
tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza;

la coroné de un beso fatal; en la corriente
vi pasar un cadáver de fuego… Y locamente
me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.

Delmira Agustini (1886-1914)

(Delmira Agustini, uruguaya, tuvo una vida tan romántica como su poesía. Escritora precoz, su poesía es un claro trasunto del alma femenina en lo que ésta tiene de más apasionado y delicado. Su brillantez expositiva la acompañó siempre. Separada de su marido, siguieron viéndose como amantes. Nadie sabe qué ocurrió en su cita postrera, pero ambos aparecieron muertos, una al lado del otro. Publicó: El libro blanco (1907); Cantos de la Mañana (1910), y Los cálices vacíos, en 1913.)