lunes, 20 de octubre de 2008

Colaboración: Alma Cervantes

SEPULCRO DE AMOR



Soledad, añorada soledad
que vistes esta tristeza
cuando el recuerdo se implanta en la sangre
y la musa se ausenta abatida
del diario de mis quimeras.

Soledad, flor de fríos inviernos
ésos que aún en gélida melancolía abrazando mi lecho
forjan en el laberinto de mis sueños
un libro que permaneció en el olvido.

¿En donde murieron mis versos?
Si eran nacidos del alma
si se escribieron inagotablemente en la vida
de todos los tiempos.

¿Y mi nombre?
En sepulcro sombrío y abandonado
silenciosamente en tus labios ha sido mutilado
para que ya no exista
para que ya mis huellas no inquieten soledades
ni agrieten más distancias
y sanen para siempre las heridas.

Si duele, corazón
lastima tantos orgullos
y araña a este destino que se escribió un día
en tantas melancolías.

Pero si el tiempo de tus ojos me borraran
y mi nombre de tu voz lo desterraras

No, ya nada sentiré
cuando de mis ojos una lágrima resbale
ni dolerá mi cuerpo al lastimarme.

Culpable será solo el destino
que me dejado en una losa
despiadadamente
-en el olvido-

Quinto Pretoriano te dedica a ti y a todos sus navegantes con este video-clip :




1 comentario:

Alma Cervantes dijo...

Mi agradecimiento sincero por este detalle sobre mi poema y que ha hecho brotarmis lagrimas, defecto que tengo por ser demasiado sensible a versos llenos de melancolia, para todas esas almas solitarias, vagando por este mundo de la red he encontrado un poema de Luis Cernuda que coloco en este rinconcito de soledades y comparto conustedes espero les agrade a mi en lo personal me gusto muchisimo.Saludos y que Dios los bendiga

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.


Autor: Luis Cernuda