lunes, 20 de octubre de 2008

Visto, Oído, Leído, (Revista de prensa y comunicación)

  •   El 8 de octubre disfrutamos de la conferencia que el arabista y Catedrático de Estudios Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, Mahmud Sohb, dio en las vetustas salas del Ateneo de San Sebastián (Biblioteca Dr. Camino). Nos ilustró sobre los diferentes mundos: el árabe, el mahometano, el islámico, el mauritano (que llamamos “moro”). Habló de poetas y de poesía. De literaturas varias. Mahmud es una mente abierta al mundo, con una experiencia rica en viajes, en encuentros, en lecturas y estudios. El tiempo de su charla pasó como un viento fino, refrescante. Nos prometió volver.
  • A “Los Secretos”, ese ya legendario grupo musical que representó la tristeza y el desencanto de la movida madrileña de los ochenta (“mis lágrimas se mezclan con alcohol…”), les han hecho recientemente un homenaje en el que intervino, mi viejo amigo Joaquín Sabina. Murió Urquijo, irrepetible, pero el conjunto ha sabido permanecer con un trabajo dignísimo. Enhorabuena.
  • En cuanto a Sabina, mi último encuentro con él fue en Palma de Mallorca, sobre el 84, donde tuvimos la oportunidad de charlar a lo largo de una comida en un restorán de menús murcianos, en mi barrio de El Terreno. Recuerdo, como anécdota, que Joaquín no podía probar el vino -que le gusta horrores- porque estaba tomando antibióticos contra una infección oportunista que afectaba a sus vías bajas. Sabina estaba muy interesado en la fuerza que pudiera tener el Partido Comunista de Euskadi. Yo le advertí de que era un partido cuasiresidual, al menos entonces, y él pareció algo sorprendido. Mi contertulio hizo la mili en Palma, en una Agrupación de Artillería, y sentía nostalgia por la isla y sus gentes. Presentaba, en aquella oportunidad, un espectáculo musical muy interesante, donde se exhibía una atractiva joven a la que llamaban “la muchacha de los muslos de oro”.

  A Joaquín tuve ocasión de conocerlo, a finales de los setenta, en el entrañable barrio de Lavapiés, en una tabernita que se llamaba “El Buscón”. Conmigo siempre fue amable, con esa punta acanallada, de intelectual madrileño de la rue, que le va tan bien.

   Supongo que seguirá militando en la izquierda radical, aunque departa y cene con la realeza española.

 

  •    Hemos hecho hincapié, en anteriores blogs, en esas palabras o frases hechas que, repentinamente, se ponen de moda y nos abruman. Hablamos con anterioridad de la verdad es que, de protocolo, de que te cagas, de súper y de mogollón. Ahora escuchamos, cada vez con mayor frecuencia, eso de ¡con la que está cayendo! Nos parece ilustrativa la metáfora, siempre referida a un proceder poco oportuno habida cuenta de que existen otros más perentorios. Vale, pero el riesgo es que prolifere tanto, que ya nos suene a cajas destempladas.
  • De igual manera, una ágil comentarista de Radio Intereconomía parece muy aficionada a decir que tal asunto es de aurora boreal. Suponemos que se refiere a algo muy claro o evidente (¿de libro?). No está mal la comparación, pero no abuse.
  • La librería estaba situada en un sitio céntrico de San Sebastián. Estaba bien provista de revistas y de libros. Fue la segunda tienda a la que acudí cuando publiqué mi primer poemario. En el mostrador atendía un hombrón de cuerpo formidable y cabeza ad hoc. Miró el cuaderno con desdén y murmuró sonriéndose: “Hace falta mucho humor para publicar un libro de poesía”. Ahora pienso que si me hubiese dicho que hacían falta güevos, se lo hubiera perdonado. Pero no. Además, sólo me cogió dos ejemplares.

   Yo fui algo estúpido, pues el personal de la tienda tenía fama de ser proverbialmente antipático. Me la enfundé.

   Ahora veo con frecuencia al gigante, al cual, cabeza y trasero le siguen creciendo sin mengua alguna. Supe que cantaba en no sé qué coral, ochote o lo que fuere. Tenía que haberle dicho en aquella ocasión: “¡Pues también hace falta humor para ir por la vida soltando gorgoritos!”. Lamentablemente, yo era muy joven….

   La venganza no está hecha para mí.