domingo, 7 de septiembre de 2008

El estilo lo es todo : Amadís de Gaula (anónimo)

Como la gente fue sosegada, Darioleta se levantó y tomó a Elisena así desnuda, como en su lecho estaba, solamente la camisa y cubierta de un manto, y salieron ambas a la huerta, y la luna hacía muy clara. Así llegaron a la puerta de la cámara, y como quiera que Elisena fuese a la cosa que en el mundo más amaba, tremíale todo el cuerpo y la palabra, que no podía hablar; y como en la puerta tocaron para la abrir, el rey Perión que, así con la gran congoja que en su corazón tenía, como con la esperanza en que la doncella le puso, no había podido dormir y aquella sazón ya cansado y del sueño vencido, adormecióse, y soñaba que entraba en aquella cámara por una falsa puerta, y no sabía quién a él iba y le metía las manos por los costados y sacándole el corazón, le echaba a un río, y él decía: -“¿Por qué feciste tal crueza?” – “No es nada esto -decía él- que allá os queda otro corazón que yo os tomaré, aunque no será por mi voluntad.” El Rey, que gran cuita en sí tenía, despertó despavorido y comenzóse a santiguar. A esta sazón habían ya las doncellas la puerta abierto y entraban por ella; y como lo sintió, temiéndose de traición por lo que soñara, y levantando la cabeza, vio por entre las cortinas abierta la puerta -de lo que él nada no sabía-, y con la luna que por ella entraba vio el bulto de la doncella; así que, saltando de la cama do yacía, tomó su espada y fue contra aquella parte do visto las había. Y Darioleta cuando así lo vido dijo:

-¿Qué es eso, Señor? Tirad vuestras armas, que contra nos poca defensa vos ternán.

El Rey, que la conoció, miró y vio a Elisena, su muy amada, y echando su espada y su escudo en tierra, cubrióse de un manto que ante la cama tenía, con que algunas veces se levantaba, y fue a tomar a su señora entre los brazos, y ella le abrazó, como aquel que más que a sí amaba. Darioleta le dijo:

-Quedad señora, con ese caballero; que aunque vos como doncella fasta aquí de muchos vos defendisteis, y él así mismo, de muchas se defendió, no bastarán vuestras fuerzas para os defender el uno del otro.

Y Dorioleta miró por la espada do el Rey la había arrojado, y tomóla en señal de la jura y promesa que le había hecho en razón del casamiento de su señora, y salióse a la huerta. El Rey quedó solo con su amiga, que a la lumbre de tres hachas que en la cámara ardían la miraba, pareciéndole que toda la hermosura del mundo en ella era junta, teniéndose por muy bienaventurado en que Dios a tal estado le trujera; y así abrazados se fueron a echar en el lecho, donde aquella que tanto tiempo, con tanta hermosura y juventud demandada, de tantos príncipes y grandes hombres se había defendido quedando con libertad de doncella, en poco más de un día, cuando el su pensamiento más de aquello apartado y desviado estaba, el cual amor, rompiendo aquellas fuertes ataduras de su honesta y santa vida, se la hizo perder, quedando de allí adelante dueña.

 

Anónimo: Amadís de Gaula (1508). Corrector: Garcí Rodríguez de Montalvo.