lunes, 29 de septiembre de 2008

El poema de hoy : El espejo de agua : ARTE POÉTICO (Vicente Huidobro)

ARTE POÉTICO

         Que el verso sea como una llave

Que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando;

Cuanto miren los ojos creado sea,

Y el alma del oyente quede temblando.

 

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

El adjetivo, cuando no da vida, mata.

 

Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,

Como recuerdo, en los museos;

Mas no por eso tenemos menos fuerza:

El vigor verdadero

Reside en la cabeza.

 

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!

Hacedla florecer en el poema;

 

Sólo para nosotros

Viven todas las cosas bajo el Sol.

 

El poeta es un pequeño Dios.

                                               Vicente HuidobroEl espejo de agua

 

   (Se ha dicho que este poema prefigura las teorías que más tarde hará explícitas el poeta -recordemos susManifestes-; pero aquí está cercano al ultraísmo. Se ha escrito que Huidobro estaba convencido de que el poeta era una especie de demiurgo capaz de hacer trascendentes las contradicciones y de alcanzar así una realidad superior donde el mundo gana la ligazón que en apariencia no tiene.

   Vicente Huidobro nació en Santiago de Chile en 1892, y murió en Cartagena (Chile) en 1948. Vivió en París y en Madrid, y aquí fue colaborador de la revista Ultra, de donde surgiría el ultraísmo y, posteriormente, el creacionismo, movimiento este que intenta arramblar con toda tradición poética. Entre sus obras: El espejo de agua, 1916; Poemas árticos, 1918, y su obra más conocida y determinante: Altazor.)       

 

   En un texto lucidísimo de Glucksman podemos leer: “Las ideas que los europeos se hacen de la Belleza, del Bien y de la Verdad los dividen y desparraman; estética, moral y doctrinalmente, Europa es y sigue siendo una diáspora orgullosa de su desmembramiento, incluso cuando fantasea su superación. Su directa experiencia de los males la debe a este comedimiento, conoce lo falso antes de captar lo verdadero, descubre las desgracias sin conocer la felicidad, colectiviza el sentimiento de lo nefasto y abandona a los cerebros solitarios, los fastos y las fiestas del Soberano Bien. Por lo menos, tanto como espere sobrevivir”.